Hace 16 años, el 4 de diciembre de 2009, se concretó el sueño de todo seguidor del rock argentino. Lo que comenzó como un rumor increíble—al mismo nivel que "Elvis está vivo"—se materializó en el Estadio Vélez: Luis Alberto Spinetta iba a repasar, en una única noche, toda su carrera.
A pesar de su convicción de siempre mirar hacia adelante y crear nueva música, el Flaco abrió una puerta a la nostalgia, motivado por los 40 años transcurridos desde el primer disco de Almendra.
El argumento era sólido y la promesa era monumental: ver reactivadas a Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade y Los Socios del Desierto para una noche inolvidable. El concierto de "Spinetta y las Bandas Eternas" fue, finalmente, la entrega total para devolver el amor incondicional que la gente le había puesto a su obra.
La Intimidad de los ensayos
Una vez confirmada la fecha, la "patria spinetteana" empezó la cuenta regresiva. Lo que sucedió en los meses previos, en el complejo Saldías (cerca del río), fue pura magia y dedicación absoluta.
Los testimonios de los músicos coinciden: hicieron click. La historia de Spinetta se hizo presente, aunque hubo que rebuscar en la memoria. Pomo y Machi declararon lo difícil que resultó al principio reconocer los "moños" de Invisible, y la prodigiosa memoria de Guillermo Vadalá para los acordes se reafirmó como esencial.
La usina creativa fue incontrolable; todos querían participar. Luis Alberto, además, quería homenajear a sus pares: Litto Nebbia, Pappo, Charly García, Miguel Abuelo y, por supuesto, a sus amigos Gustavo Cerati y Fito Páez.
Dato: En el Café Molière (12 de noviembre de 2009), hubo un aperitivo para la prensa, con shows de Pescado Rabioso e Invisible, y un final apoteósico con Spinetta y Charly García haciendo "Rezo por vos".
Los invitados que hicieron historia
El 4 de diciembre de 2009 se agotaron las 37 mil localidades en Liniers. El concierto comenzó con una breve declaración de intenciones y "Mi elemento", de Un mañana. Durante más de cinco horas y 52 canciones, Spinetta se mantuvo firme frente al micrófono, preso de un vaivén emocional, pero entero.
La magnitud del concierto fue tal que muchos de sus momentos ya forman parte de la leyenda del rock:
Invisible y Pescado Rabioso
Una cumbre indiscutible fue la presentación de Invisible. Ver en vivo temas como "Jugo de lúcuma", "Lo que nos ocupa es esa abuela..." y "Niño condenado" fue un momento que hizo rebotar las mandíbulas. Pescado Rabioso, con el set más largo de la noche, fue otro vendaval de pura psicodelia con temas como "Serpiente (Viaja por la sal)".
El pacto de los ídolos
Los cruces con las figuras invitadas fueron pura emoción:
El encuentro con Gustavo Cerati en "Té para tres" y "Bajan" sigue poniendo hoy la piel de gallina.
Los momentos con Fito Páez y Charly García fueron puro amor y propiciaron el gesto histórico del Flaco cantando "Filosofía barata y zapatos de goma".
El set de Almendra cerró su participación volteando toda barrera con la siempre esperada "Muchacha (Ojos de papel)".
El legado final
En el tramo final de la noche se disolvieron cuatro décadas de vida. La emoción más profunda llegó con "8 de octubre", donde Luis y Ricardo Mollo volvieron a firmar su pacto de admiración mutua, honrando la causa del Colegio Ecos.
A medida que "Seguir viviendo sin tu amor", "Yo quiero ver un tren" y "No te alejes tanto de mí" liquidaban la velada, a nadie le importaba el frío, ni llevaba cuenta del tiempo. Apenas un par de años después todo sería tristeza.
Este faro, esta "gema" dejada en los corazones antes de su partida, sigue siendo el faro para guiarse en las oscuridades de la historia del rock nacional.

