Con el Polo Márquez se va un prócer de una Mendoza que fue y hoy persiste en la memoria. Un hombre nacido en la Sexta de fierro, en la Villa Talleres, un 22 de setiembre, en el aire de inicios de los 40'.
El pibe que creció con la cajita de música de un comedor familiar, por el que se dejaban oír tonadas que comenzaron a marcar su camino. Aunque después en su alma random llegaran un Frank Sinatra, un Paul Anka o un Nat King Cole que marcaron su destino.
Era Hipólito Leandro Maturano, aunque para todos era el Polo. El adolescente que llegó a Radio Aconcagua y comenzó a mostrar la potencia de su voz en la emisión de un programa llamado "El show de la tarde".
Eran los tiempos de "Polo y su guitarra", con el que un día decidió subirse al tren Aconcagua para llegar a Retiro. A una Buenos Aires desbordante de fábricas y de sueños. Una ciudad que lo cobijó y le dio lugar a su arte. En el que en una tarde de domingo en una tertulia de mates y galletitas, su amigo Juan Corazón Ramón le dijo: "Che y porqué no te apodás Polo Márquez. Suena bien".
Habían quedado atrás las uvas negras y el deseo de ser boxeador, tal como sus amigos Nicolino Locche, Carlos Aro y Jorge Aconcagua Ahumada.
Su personalísima voz fue advertida por las discográficas. Y aunque amaba el box, cual si fuera un futbolista se daba el gusto de jugar en Primera División firmando para Microfón y la CBS Columbia (hoy Sony Music) y codeándose con contemporáneos como Sandro, Piero, Sergio Denis y su coterráneo Leonardo Favio.
Justamente Sandro, grababa una de sus canciones más conocidas: "Quiero más de ti". Un suceso que también grabaron Los Ángeles Negros.
De gira por Centroamérica, el Polo Márquez la rompió en escenarios de América Latina, el Caribe y también Estados Unidos.
Fue el anfitrión de varios púgiles que iban por el título mundial. Como la fatídica noche en Maracay cuando Nicolino perdió por nocaut ante Kid Pambelé, velada que terminó en una escena boxística en la calle cuando Carlos Monzón, el propio Locche, el periodista Cherquis Bialo y el Polo, se trenzaban contra unos desconocidos que los habían venido a encarar con fierros.
Y luego era anfitrión de Jorge Aconcagua Ahumada la noche que le robaban una pelea ante un tal Bob Foster en Albuquerque, mucho antes que Walter White, Saul Goodman y Gus Fring hicieran famosa esa ciudad desde la imaginación de Vince Gilligan.
De regreso a Mendoza, el Polo siguió poniendo en valor el don de su canto. En escenarios pequeños o grandes, siempre honraba el canto, con su voz única.
El gran Polo Márquez, también papá de Gustavo Maturano y Leandro Mat Urano, nos dejó este domingo. Residía desde hace años en Perú. Tenía 84 años.
Queda el legado de sus canciones inconfundibles.
"El Centro es mi oficina", solía decir a propios y extraños. Es que era parte de ese paisaje urbano menduco con sus historias y sueños. Con su memoria a cuestas de los tiempos de cosechas, del humo de una locomotora, de guanteos en el Morocoa y de "un música maestro..."
Buen viaje, Polo querido...