La legendaria banda liderada por Andrés Ciro Martínez volvió anoche a Mendoza tras 16 años de ausencia. Con entradas agotadas hace semanas, Los Piojos desplegaron un show de casi tres horas en el Teatro Griego Frank Romero Day, en el Parque General San Martín.
Más de 40.000 personas -entre las gradas y las colinas vecinas- vibraron con cada acorde de sus himnos inmortales. En una noche cargada de nostalgia y emoción, la banda convirtió el histórico anfiteatro en un ritual del rock nacional que atravesó generaciones.
Expectativa y ritual previo
La jornada comenzó mucho antes de la hora pautada. Desde temprano se vio una multitud ataviada con camisetas, banderas y hasta el tradicional fernet en mano, armando un típico rito piojoso.
A las puertas del teatro, miles de seguidores -padres con sus hijos, veteranos y jóvenes fanáticos- se dieron cita con horas de anticipación. Todos querían asegurarse un lugar en la mística previa: desde los puestos de choripanes y merch oficial, hasta los rincones de las cerros colindantes donde también se preparaba el concierto paralelo. Como en cada Vendimia, centenares de personas treparon los cerros que rodean el anfiteatro para seguir el show desde la distancia, sumando decenas de miles más a la fiesta.
Tres horas de rock, himnos y emociones
A las 21.40 en punto arrancó la magia. Las pantallas gigantes se iluminaron con la icónica intro de Ruleta, y los primeros acordes desataron la euforia contenida. Sin pausa cayeron Arco y Yira Yira, y fue entonces cuando Ciro tomó el micrófono: "¡Buenas noches Mendoza, somos Los Piojos!" anunció ante el delirio del público. La banda puso "toda la carne al asador" durante 180 minutos de rock intenso. A diferencia de los conciertos pulidos en grandes estadios, aquí cada nota sonó cruda y poderosa, recordando la esencia del rock bonaerense de fines de los '90.
El repertorio incluyó clásicos indiscutidos y temas de su más reciente álbum. Tras esos primeros temas, siguieron Civilización, Difícil y Labios de Seda, con miles de banderas flameando sin descanso frente al escenario. Ciro, con 57 años, pero una energía que lo rejuvenece, comandó el show con voz hipnótica.
Hacia el final, se tomó un momento para dedicar un mensaje a la provincia: "Cada vez más cosas me unen a Mendoza", confesó el líder, recordando que su vínculo personal con esta tierra crece año tras año.
Emoción colectiva y legado piojoso
La noche fue también un encuentro familiar. Entre el público había padres con niños que, generación tras generación, corearon temas como Tan Solo o Maradó al unísono. El momento más emotivo llegó cuando subieron al escenario los hijos de los músicos fundadores, apodados las Liendres. En un guiño a la herencia rockera, los jóvenes se sumaron a entonar Pistolas: Alejandro, de 14 años e hijo de Ciro, tomó el micrófono durante unos compases, mientras Caetano Buira (hijo del baterista) y Antonio Fernández (hijo de Piti) acompañaban en la batería y guitarra. Instantes así reforzaron que el legado Piojoso late fuerte en las nuevas generaciones.
Hubo espacio para homenajes. La banda dedicó Sudestada a la memoria de Gustavo Tavo Kupinski (exguitarrista fallecido en 2011) antes de pasar a Babilonia y Ay, ay, ay. También se dio lugar a la voz del público: tras una votación improvisada entre los asistentes, reemplazaron Todo Pasa por Agua, cerrando Ciro con la frase "el agua vale más que el oro" ante el clamor popular.
A las 00.40, tres horas exactas después de los primeros acordes, sonó Y qué más como cierre. Desde el escenario, los músicos leyeron una por una las banderas de las ciudades representadas en la audiencia, coreando en conjunto un rito dentro del rito: la fraternidad del rock nacional en su máxima expresión. La banda concluyó con un último mensaje poderoso: "Si no existe la memoria, todo lo nuestro es suicida", frase elegida para resumir un camino que marcó a fuego a varias generaciones.
¿Será esta la última despedida de Los Piojos? Aunque la gira actual tiene fecha de caducidad para mayo, el propio grupo se encargó de calmar ánimos: "No se preocupen. No pasarán 15 años para vernos de nuevo", aseguraron días atrás en sus redes. Mientras tanto, Mendoza seguirá contando los minutos para el próximo ritual piojoso.
