Este jueves 23 de octubre se cumplen 74 años del natalicio de Federico Moura, cuyo legado sigue vigente a través de la primera biografía enfocada totalmente en su persona: Perfecto, hermoso, veloz, luminoso, escrita por el periodista Gustavo Bove y publicada recientemente por Sudamericana.
Bove explica que se propuso llenar un vacío, ya que la vida del músico "fue relatada en cuentagotas en los libros de Virus". El resultado es un retrato fascinante de un artista complejo, que abarca desde sus logros artísticos hasta sus más dolorosas miserias.
Bio completa
El autor relata que la idea surgió al dialogar con Marcelo Moura, hermano de Federico, quien le dio el apoyo para investigar a fondo. La fascinación de Bove se centró en un personaje con una rica historia: un hombre que estudió arquitectura, estuvo en el siloísmo, y en plena dictadura ya había absorbido la cultura musical de Europa.
Federico Moura era un artista contemporáneo, no vanguardista, que se atrevió a hacer en Argentina lo que ya existía en el mundo.
"Algo que además resalto es que Federico no era vanguardista, sino contemporáneo. Que sus colegas se dedicaran a vivir en el pasado no quería decir que él estuviera adelantado.", explicó Bove.
Cuando conoció a Keith Moon y diseñó ropa moderna
El libro revela anécdotas divertidísimas, como cuando conoció a Keith Moon, el legendario baterista de la banda The Who. Además, Moura no solo se destacaba en las artes; era un deportista que jugaba muy bien al fútbol y al rugby, y fue un pionero en la moda.
Moura diseñó ropa moderna de hombre en una época en que ese concepto de diseño y estilo no existía en el país.
Otras facetas exploradas son su trabajo como productor del primer disco de Soda Stereo y una famosa pelea que mantuvo con Luca Prodan, de Sumo.
Icono de la libertad sexual y la lucha contra el VIH
Uno de los ejes centrales del libro es cómo Moura lidió con su orientación sexual en un contexto social hostil, y su posterior batalla contra el VIH.
Libertad sexual en dictadura: Bove señala que Moura fue un ícono de las libertades sexuales, en un país donde no había clubes gays y ser abiertamente homosexual era repudiado. Para "soltarse", viajaba a Río de Janeiro para tener parejas, dado que en Argentina no podía mostrarse abiertamente.
El miedo al Sida en los 80: El autor confiesa que temió caer en el amarillismo, pero consideró fundamental contar la verdad de esa etapa de su vida. "En los años 70 y 80, tener sida era algo parecido a ser un asesino serial", describe el periodista, remarcando el contexto de estigma y desinformación.
La angustia de su madre y la lección de afecto de Charly
La biografía indaga en la etapa más oscura y menos investigada de la vida del artista: el período de convivencia con el virus. Aquí, las revelaciones son "desgarradoras", según Bove.
El libro cuenta que Federico estaba profundamente angustiado porque su propia madre no se le acercaba por temor al contagio del VIH. La desinformación era tal que en el hospital, los médicos le daban la mano a su hermano, Marcelo, pero no a él. Moura murió de un paro cardiorrespiratorio pesando solo 36 kilos.
La anécdota más conmovedora, y quizás la más poderosa del libro, involucra a Charly García. otro artista que hoy celebra su natalicio. Federico le había prohibido a su entorno contar que tenía VIH. Cuando Charly se enteró de su estado terminal, tomó una decisión radical:
Charly García tomó un taxi, fue a la casa de Federico Moura en San Telmo, se metió hasta su pieza y, en una época donde muy poco se sabía del Sida, le dio un "chupón" en la boca, demostrando un afecto incondicional.
Locura, el álbum que consolidó a Virus
El autor también reflexiona sobre la obra de la banda, particularmente sobre Locura, cuyo 40 aniversario se celebra este sábado.
Para Bove, Locura es "una obra maestra" y el disco definitivo de la banda. "Hasta su aparición, el rock argentino nunca había llegado a ese nivel de finesa y sofisticación." El disco, que incluye hits como "Pronta entrega", "Sin disfraz" y "Luna de miel en la mano", es donde la banda estaba "a punto de caramelo" y se consolidó el genio letrístico de Moura, en colaboración con Roberto Jacoby y Eduardo Costa.

