Elmer McCurdy fue un ladrón de trenes poco hábil que alcanzó la fama recién 66 años después de su muerte. Tras fallecer en 1911, su cuerpo fue embalsamado con arsénico y vendido a feriantes. Durante décadas, fue exhibido en museos de cera y parques de atracciones, donde el deterioro hizo que todos olvidaran su origen humano.
En 1976, un equipo de filmación descubrió la verdad al romper accidentalmente un brazo de lo que creían un maniquí. Hoy, McCurdy descansa en Oklahoma bajo una capa de cemento para evitar nuevos "viajes". Escuchá la columna de Alejandro Álvarez en El Interactivo.