Hubo un tiempo en que el mundo se dividía en suspiros. En los años 70, mientras las abuelas se desvivían por Palito Ortega, Sandro era el que incendiaba el aire con sus movimientos de fuego y su voz sensual.
Mientras tanto un hombre en Mendoza llamado Jorge Horacio Rubilar no solo se parecía a Roberto Sánchez; era la versión terrenal que caminaba por las calles de Cuyo con aquella pose desafiante del Gitano y que con su sonrisa lasherina deleitaba a muchas nenas.
El doble de éxito
Su vida fue un viaje de ida y vuelta siendo el mejor imitador del Gitano. Durante dos décadas, Jorge fue la doble vida de Sandro en la televisión. Es más hasta ofició de modelo para una escultura del ídolo en la calle Corrientes.
Su mimetismo era perfecto y ya estaba naturalizado que fuese así. Aunque pronto empezó a generarle algunos problemas: un juicio por plagio, por ejemplo.
Rubilar tuvo que ir a la justicia y la casualidad hizo que se encontrase en el mismo ascensor con el verdadero Sandro. "¡La verdad que sos igual a mí!", le dijo el ídolo, sellando la disputa con un abrazo hacia su alter ego. "Sino me conociera, hasta yo me creería que sos Sandro", agregó jocosamente el banfileño.
Gira por Centroamérica
Jorge Rubilar conoció las luces altas de Centroamérica y hasta llegó a decirse que compartió un escenario con Armando Manzanero. No cantaba, pero copiaba a la perfección los movimientos y guiños de su ídolo.
Los años pasaron y el estruendo de los aplausos se aplacó. Regresó a la sencillez de su hogar, en donde se ganaba la vida fabricando llaveros de resina, en su casita de la calle Jacinto Suárez en las Heras.
También, cada tanto lo contrataban para desempolvar a su afamado personaje en fiestas privadas .
Quienes lo vieron en el mítico bar Barloa no olvidan la escena: se celebraba el comienzo del nuevo Siglo y Rubilar vestido de camisa roja furiosa y pantalón negro absoluto, encarnó sobre el piso del bodegón lasherino a su ídolo.
"Fue colosal verlo rodar por el suelo de Barloa, como lo hubiera hecho el propio Roberto Sánchez", cuenta Susy Pérez, presente en ese evento cultural bizarro.
"De allí volví a verlo ocasionalmente en un barcito del Challao. No se lo veía muy bien de salud y me contó que estaba por ir a Misiones", relata Rubén Villalobos, otro de los amigos de Jorge en esa tertulias de cuyanía.
Fue justamente en el Norte argentino, precisamente en Iguazú, que Jorge Rubilar pasó los últimos días de su vida. Allí, lejos de Mendoza pero cerca de su sangre —su hijo y su nieto vivían en Misiones—, Jorge falleció a fines de la primera década de 2000. Tenía 59 años. Curiosamente cercano a la fecha de Roberto Sánchez, quien falleciera el 4 de enero de 2010.
Quedaba viva la leyenda del hombre que con su parecido, llegó a engañar al propio Sandro.

