Música

El festival que nunca duerme: todos los momentos épicos del Quilmes Rock

Con más de 100 mil asistentes entre ambas fechas, el Quilmes Rock reafirmó su identidad diversa, emocional y explosiva.

Redacción

Por Redacción

7 Abril de 2025 - 15:27

Tecnópolis fue, durante dos días, la capital emocional de la música argentina. Entre pogos, lágrimas, besos, homenajes y gritos de amor, el Quilmes Rock confirmó que su legado no es solo musical: es cultural, es emocional, es parte de la memoria colectiva. La que se graba en la piel, en la garganta y en el corazón.

Miranda!

En el escenario principal, Miranda! desplegó su arsenal pop con precisión de relojería suiza. La palabra que atravesó toda la jornada fue "memoria": no sólo la memoria musical que se activa cuando suenan "Don" o "Perfecta", sino también la memoria emotiva y colectiva. Lali, que apareció como invitada estelar, selló con Juliana Gattas un beso que funcionó como respuesta al clima social hostil que algunas figuras del poder promueven. Fue una performance festiva pero con carga simbólica, donde lo visual, lo vocal y lo emocional se fundieron en un espectáculo de pura química.

Andrés Calamaro

La memoria del rock argentino encontró en Calamaro a su cronista incansable. El Salmón ofreció un recorrido que combinó crudeza y elegancia, dejando en claro por qué su figura trasciende generaciones. La pantalla mostró un saludo de Pity Álvarez, y la memoria colectiva de los que crecieron con Intoxicados se volvió tangible. Calamaro no improvisó discursos largos, pero con cada hit —desde "Crímenes perfectos" hasta "Estadio Azteca"— reforzó que la música también es una forma de resistencia.

La Vela Puerca

Con un pie en la nostalgia y otro en la realidad política, La Vela Puerca transformó su set en un acto de memoria. Durante "Colabore", fotos de desaparecidos uruguayos coparon las pantallas, y entre la multitud, banderas con la leyenda "Nunca Más" recordaron que el rock también es espacio para la reflexión. A fuerza de reggae, punk y melodías épicas, la banda uruguaya se consagró como una de las más sólidas de la primera noche.

Dillom

La provocación es parte de su ADN, pero Dillom también sabe cuándo hablar con el corazón. "¿Por qué carajo toca Dillom en el Quilmes Rock?", preguntó en voz alta, y se respondió: "Porque yo soy el rock". La frase quedará en la memoria de este festival. Su set combinó baladas de su nuevo disco con explosiones sonoras que arrastraron al pogo incluso a los escépticos. Entre remeras de Las Pelotas y banderas argentinas, su figura crece como ícono generacional.

Flavio Cianciarulo

Lo que hizo Flavio con su bajo fue pura emoción contenida. La interpretación solitaria del Himno Nacional después del homenaje a excombatientes de Malvinas fue uno de esos momentos que congelan el tiempo. Con memoria, respeto y música, la ceremonia se volvió histórica.

 El público acompañó con lágrimas y aplausos, en un acto de unidad pocas veces visto en un festival de estas dimensiones.

Las Pelotas

Daffunchio y compañía salieron con toda la furia y la memoria de sus 30 años de trayectoria. Canciones como "Capitán América" o "Si supieras" no sólo se cantaron; se gritaron con el alma. La intensidad de Las Pelotas creó un contrapunto perfecto tras el homenaje anterior, y el set sirvió como un viaje entre el sur profundo del rock y la sensibilidad que lo vuelve eterno.

Estelares

Moretti no necesita más que una guitarra y su memoria poética para emocionar. La mención a Rimbaud, Gardel y Klee en "Rimbaud" fue una clase de arte en plena noche. Pero también sonaron los himnos de cancha como "Ella dijo" y hits radiales como "Aire". Estelares demostró que se puede conjugar sensibilidad y popularidad, con una lírica que se te clava en el pecho.

Turf

El carisma de Joaquín Levinton fue tan poderoso que el escenario pareció quedarle chico. Turf tiró hit tras hit, cruzando generaciones y convocando a invitados como Milo J. El momento en que repitió el estribillo de "Todo x nada" hasta que el público lo hizo suyo es pura memoria viva: eso que queda flotando en el aire, entre canción y canción, entre pasado y presente.

Pity Álvarez

No estuvo en persona, pero sí en espíritu. El video de Pity desde su casa, guitarra en mano, cantando "El Rey", emocionó a todos. Su voz quebrada, su sonrisa tímida, y ese "ya me conocen, soy el Pity" quedaron grabados en la memoria colectiva del Quilmes Rock. Fue una aparición breve, pero suficiente para alimentar la esperanza de un regreso.

Ratones Paranoicos

Juanse volvió a ser el chamán del rock. Con un repertorio que incluye "Sucio gas" y "Para siempre", Ratones Paranoicos fue un vendaval de guitarras filosas y actitud stone. Pero también hubo memoria: invitaron a Piti Fernández y recordaron el espíritu barrial de los 90, cuando el rock era refugio y fiesta. El cierre fue una celebración a puro riff.

Los Fabulosos Cadillacs

Vicentico, Sr. Flavio y compañía encendieron Tecnópolis con un set donde la cumbia, el ska y la fusión fueron puro fuego. Con "Mi novia se cayó en un pozo ciego" como apertura y una versión cumbiera de "Padre nuestro" con Pablito Lescano, el show fue inolvidable. El momento más emotivo fue cuando padre e hijo cantaron "Vasos vacíos", uniendo generaciones desde la memoria familiar y musical.

Serú Girán (homenaje)

Pedro Aznar, David Lebón y Juan Moro hicieron lo que muchos creían imposible: revivir la magia de Serú. Trueno sumó versos actuales a "No llores por mí, Argentina", convirtiendo el homenaje en un puente generacional. El cierre con "Seminare" fue simplemente perfecto: memoria sonora de una Argentina que sueña con ser mejor, al ritmo del mejor rock progresivo nacional.

Conociendo Rusia

Mateo Sujatovich sigue creciendo como artista sin perder la memoria de lo que lo trajo hasta acá. En su set combinó éxitos propios como "Loco en el desierto" con un homenaje a Spinetta y Charly en "Rezo por vos". Su presencia en el escenario Rock confirmó que el recambio generacional es una realidad poderosa en el festival.

El Mató a un Policía Motorizado

La banda platense fue pura distorsión emocional. Canciones como "Chica de oro" o "La noche eterna" se sintieron como gritos silenciosos que resonaban en la memoria de un público fiel. Su sonido hipnótico y melancólico sirvió como telón de fondo perfecto para una jornada cargada de intensidad. El indie también tiene sus héroes, y ellos los representan con orgullo.