The New York Times elaboró un ranking de las diez mejores películas de este año, donde figura el filme chileno, La memoria infinita, de Maite Alberdi. El listado lo realizó Alissa Wilkinson, una reconocida crítica de cine del diario estadounidense. Dentro de la selección también figuran éxitos como Oppenheimer, Tierra de Dios y la reciente cinta de Martin Scorsese, Killers of the Flower Moon.
La memoria infinita, de Maite Alberdi, en Netflix
Después de su éxito en el festival estadounidense, el largometraje se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, obteniendo el segundo lugar en la categoría Premio de la Audiencia. Luego, continuó su exitosa trayectoria en cines de Chile, donde se lanzó comercialmente el 24 de agosto. En su primer fin de semana, llegó a tener más de 50 mil espectadores, superando a estrenos internacionales como Barbie, Oppenheimer y Gran Turismo dentro del país sudamericano.
Este documental se ha convertido en el más visto en la historia del cine chileno, un logro significativo para Alberdi, cuya obra anterior, El agente topo, fue nominada al Oscar en 2021. La historia de Góngora, conocido por su trabajo periodístico durante la dictadura, y Urrutia, actriz y exministra de Cultura en el gobierno de Michelle Bachelet, ha resonado con el público, demostrando una vez más que la realidad puede superar a la ficción por lejos.
La memoria infinita está disponible en Netflix desde el 5 de diciembre.
Una historia de amor e identidad
Si bien ya existen otros documentales y películas sobre la enfermedad, este film presenta la experiencia del Alzheimer desde una perspectiva íntima y respetuosa, enfatizando la memoria como pilar de la identidad y las relaciones que tenemos somos seres humanos. Alberdi logra capturar estos temas y ofrece un relato que abarca no solo la historia de una pareja, sino también un panorama que puede conmover hasta el más duro.
Este título se destaca como un testimonio de amor y resiliencia. Según Alberdi, la obra habría sido diferente sin el contexto de la pandemia, momento que obligó a Góngora y Urrutia a convivir más estrechamente. Así, la enfermedad y los desafíos diarios se entrelazan en una narrativa donde cada recuerdo y gesto de amor se convierte en un acto de resistencia contra el olvido.