Mariano pasa los 40 años y vuelve de un pogo con Fran, que debe andar entre los 15 y 17 años. Los dos venían sin remera, todo transpirados y Fran trae una zapatilla en la mano. Se ríen cómplices y Mariano parece decirle: esto es Divididos.
Después de abrazan, disfrutan y guardan en su cerebro y en su corazón cada riff de Ricardo Mollo, de cada giro del bajo de Diego Arnedo y de cada golpe de Catriel Ciavarella en la batería.
Es que Divididos es una banda que trasciende franjas etarias y eso se notó la noche del sábado en el Arena Maipú donde agotaron las entradas, dejando en claro que Mendoza es una plaza que reconoce al power trío.
Hablar a esta altura de la lista de temas es ridículo porque Divididos no se guarda nada, pueden faltar temas, pero si tocaran todos sería un recital de diez horas.
El único lunar de la noche fue cuando subió el querido Tilín Orozco para tocar La Flor Azul, pero su voz no se escuchó por problemas técnicos: "Que lástima que no lo escucharan", comentó Mollo.
También hubo tiempo para un homenaje a Jimi Hendrix cuando Mollo interpretó Vodoo Child y que hizo vibrar las más de 4 mil personas que estuvieron presentes en Arena Maipú.
La noche se cerró con una divertida charla entre Mollo y Catriel para saber con qué "himno" iban a cerrar y se fueron con su habitual compilado de SUMO (pero dejaron afuera Crua Chan, una de las muy pocos que la gente se quedó con ganas de escuchar).
En el final busqué a Mariano y Fran para ver como terminaron el recital, pero en el camino me encontré a varios "Marianos y Franes" que fueron unidos por la Aplanadora del Rock dejando en claro que mientras Divididos siga tocan, el rock tendrá una larga y próspera vida.

