- ¡Impresionante Mostro! ¿Adónde estabas que no te teníamos?
Flasheado, exultante; Baltasar Comotto, uno de los mejores violeros de la Argentina, le dedicaba ese elogio tan criollo al compatriota con el que acababa de compartir escenario en un café canario. Era en abril de 2024.
Al guitarrista de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, le ocurría lo que a muchos otros argentinos -este periodista también puede dar fe de ello- que de paso por Islas Canarias "descubren" a este guitarrista argento.
En voz alta, uno termina repitiendo elogios similares a los que le prodigó Comotto tras el último acorde en la noche de Primavera de Las Palmas.
El violero en cuestión, el destinatario de los elogios se llama Demian Domínguez, nació en Buenos Aires y en 2001 decidió emigrar de la Argentina para radicarse junto a su mujer y su música en el Viejo Mundo. Primero en Barcelona y desde hace algunos años en Islas Canarias.
Claro que tampoco es un perfecto desconocido aquí ni allá. En Buenos Aires tocó en más de una ocasión con un buen seleccionado de músicos locales: David Lebón, Pappo, Willy Quiroga, Alejandro Lerner, Alejandro Medina, entre otros.
Y en Europa su camino ascendente por el encordado de su viola blusera lo ha llevado a recorrer España, Francia, Italia, Alemania con su banda.
En octubre pasado, fuimos testigos de uno de sus shows, en el viejo teatro de la ciudad de Arucas, en Gran Canaria.
De cómo Demian transita por el Blues con la naturalidad del que sabe cómo acariciarlo, mimarlo y amarlo. De su destreza al tocar y su sensibilidad para cantarlo.
Los videos que ilustran la nota no nos dejarán mentir.
De allí nació la idea de esta nota, la de conocer un poco más a uno de los grandes violeros argentinos que pululan por el mundo. El que confiesa que disfruta tocar en todos lados y guarda el anhelo de volver a hacerlo nuevamente en nuestro país.
Señoras y señores, con ustedes el "mostro" -al decir de Comotto- Demián Domínguez.
-No puedo dejar de preguntarte si lo de emigrar en 2001 tuvo que ver con ese año fatídico para nuestro país...
- Con mi chica ya veníamos hablando sobre la necesidad de viajar. En ese momento tenía 20 años, hoy tengo 45. En Argentina siempre me fue todo muy difícil, por esa sensación de hacer un paso para adelante y dos para atrás. El hecho de ser músico también implica también tener una idea sobre cómo gestionar lo que uno hace. No solo de hacer canciones. La idea de los años 70, con el tipo componiendo en un lugar apartado, que le pagaban todo, queda para las películas y los libros que te cuentan.
Un músico lo que tiene que tener claro, primero, es ser sincero con uno mismo en el sentido de si quiere trabajar de músico o ser músico, que son dos cosas muy diferentes. Hacer su música y defenderla para mí es fundamental. Yo me acuerdo cuando estaba en Argentina del hecho de ir a tocar, no sé a La Plata que venía mucha gente, pero después ese lugar cerraba y entonces te quedabas sin ese punto de encuentro con el público. Era muy difícil ese paso adelante.
-Y más allá que abordás otros géneros ¿Por qué la vocación por el Blues?
-Porque entiendo y comparto la historia del blues. Estuve en los lugares donde había que estar y entendiendo lo que había que entender. Argentina tiene la suerte que no tiene ningún lugar o país del planeta de poder agarrar un género y hacerlo suyo. Ahí está el ejemplo de Manal.
-Manal fue el puntapié inicial en la Argentina y tuvo la particularidad de cantarlo en español. Me sorprende -no es crítica chauvinista sino una descripción- que cantés en inglés residiendo en España. ¿Por qué?
-Canté mucho tiempo en español. Pero sobre todo para mí hay una cosa que es más importante que el idioma que es la métrica Y a partir de ahí se puede jugar con la música y no hay ningún tipo de límite con el idioma ni con nada. Se puede cantar en lo que sea, el tema es que te guste lo que estés haciendo y que guste a la gente. La música es el único espacio donde no se puede mentir. Hay quien tendrá la mentalidad de oficinista, que no le importe lo que está haciendo. Simplemente está pensando en cumplir un horario y cobrar, lo cual a mí me parece lo más espantoso que hay, dentro de todo el movimiento de la música.
-Hagamos un poco de historia. ¿Dónde naciste, cuál fue un poco tu formación y los referentes que hicieron que vos quisieras dedicarte a la música?
- En Buenos Aires, en la localidad de San Martín. Después viví mi infancia en un pueblo muy chiquito que se llama Sáenz Peña, iba al colegio de Santos Lugares. No tenía muchos amigos ni nada de eso, supongo que por eso me puse a tocar tanto la guitarra. Mi viejo daba clases de guitarra, pero ya no se dedicaba a tocar en directo. Entonces le pregunté si podía usar la guitarra así arranqué. Empecé escuchando primero Steve Ray Vaughan que me hizo ver que ese era un camino.
- ¿Cómo te llevabas con Charly, el Flaco Spinetta y el Rock Nacional?
--Yo tenía 11 10 años cuando empecé a tocar. A mi padre le gustaban todos los músicos del rock nacional y por eso los conocí personalmente y pude tocar con un montón de ellos como Pappo, Willy Quiroga, Alejandro Medina o Mollo. Pero mi influencia real al cien por cien estuvo en Robert Johnson, en el Delta blues americano. La verdad es que no tengo una gran influencia musical del rock argentino, pero sí de la fuerza que le ponen, de la bola que arman. Eso influencia mucho más que una escala o una frase.
- ¿Cómo fue tocar con Lebón y Pappo?
-Tuve la suerte de tocar con ellos, como también con Lerner. Fueron diferentes situaciones, yo tocaba en los lugares que ellos también tocaban y a veces les llamaba la atención. Supongo que por la edad me invitaban a tocar. Lo bueno para mí es la que me trataban como una persona adulta, como a un guitarrista, no como trata un adulto a un niño. "La cosa es así, hay que seguir así", me decían. A los 15 yo toqué teloneando a Jimmie Vaughan y el batero era Walter sidotti, el de los Redondos.
"Todos estos músicos de los que hablamos también pasaron por situaciones parecidas. Pappo cuando empezó era muy joven y todos saben cómo es la película y lo difícil que es. Lo único que funciona es continuar, creer en los que estás haciendo y estudiar.
-En España tocaste con Javier Vargas, un violero español quien de niño residió en Mendoza.
-Sí, Javier fue siempre muy generoso conmigo. Siempre me invitó a tocar muchas veces mientras estuviésemos en Barcelona, en Gran Canaria o en otros lugares. Por él toqué con Raimundo Amador un guitarrista flamenco, pero también de blues.
- ¿Tuviste la posibilidad también de tocar con el mono Burgos, que es amigo de Javier?
- No, no. Toco con gente que fue músico en su vida, no momentáneamente. No estoy hablando mal del Mono, pero distingo las cosas. Ser músico es poner en juego todo, lo que un poco hizo gente de la que hablamos como Javier Martínez, Pappo, Spinetta, que hoy los conocemos, pero no siempre fue así. Continuaron a pesar de muchas dificultades porque para ellos la música era una idea para llevar adelante, no había un plan B. Cuando no tocaban no la pasaban tan bien.
-¿Pasaste por esas situaciones también en Europa?
- Sí obvio. Imagínate que cuando llegué a Barcelona no conocía a nadie y todo lo que había podido juntar en dos años eran 200 mangos que no servían para nada. En Barcelona te lo gastas en un día si querés. Tocaba en la calle y con eso me pagaba la pensión donde vivía y una botella de agua. Cuando te dedicas a esto, sabes que podés y no podés hacer. Bueno, eso también es parte del juego. Barcelona sigue siendo muy potente, supongo que mezclo mi recuerdo con la energía de ese tiempo. Hoy resido en Gran Canaria.
- ¿Te gustaría volver a tocar a la Argentina?
-Si, claro. Hace mucho que no voy a Argentina, volví una sola vez. Es muy difícil poder parar y tomarme 20 días por lo menos para para hacer un viaje.
Ahora estoy empezando una gira por ocho países de Europa y voy a estar 4 o 5 meses tocando en diferentes sitios. A mí me encanta tocar en todos lados, disfruto tocar y me hace muy bien. Pero volviendo a tu pregunta... Sí, me encantaría volver a la Argentina porque es un lugar muy rockero y porque está buenísimo, eso está claro.
- ¿Trabajás de forma independiente?
-Sí, hace varios años que trabajo de manera independiente. En un comienzo estaba con una productora de Alemania. Una semana después de comprarme la guitarra entendí que, si las cosas no las hacía yo, iba a ser difícil porque hay que generar no solo la música sino también la idea.
Tengo la suerte de ser sponsor de Jack Daniels, lo cual es una alegría para mí. Confiaron en mí para para hacer la gira por Europa, que como te digo son ocho países Yo organizo toda la ruta, todos los lugares, eso te da cierta tranquilidad para no depender de nadie, ni de los tiempos y el humor de nadie. Simplemente la conexión de tu trabajo artístico; tu organización y los lugares para el público.
- ¿Cómo encontramos tu música Demian?
- En todas las plataformas. En Spotify pueden buscarme como Demian Band, Demian Domínguez y van a encontrar parte del material que tengo. Después en Instagram y en Facebook también. SI ven a un tipo de, sombrero, ese soy yo (risas).