En la Copa del Mundo de Alemania 1974, la Selección Argentina necesitaba sumar frente a la subcampeona Italia. En ese contexto de máxima presión, emergió la figura de René Orlando Houseman para regalarle al fútbol una verdadera obra de arte.
Tras una asistencia de Carlos Babington, el "Loco" dejó en el camino a Fabio Capello, anticipó a Tarcisio Burgnich y definió con una zurda magistral por encima del legendario arquero Dino Zoff. Aunque un gol en contra de Roberto Perfumo selló el empate final, la jugada quedó inmortalizada.
El chico de Bajo Belgrano llevó la esencia del potrero a Europa y se ganó la admiración del mítico Johan Cruyff, quien lo reconoció como uno de los mejores jugadores del certamen.