El Superclásico del Torneo Apertura 2026 no fue un partido más para el mundo River. En un Estadio Monumental colmado, la parcialidad millonaria decidió marcar el inicio de la era de Eduardo Coudet con un recibimiento que cortó el aliento y trasladó a los presentes a las épocas doradas del fútbol argentino.
Un recibimiento con aroma a los noventa
La salida de los equipos al campo de juego fue un estallido de color rojo y blanco. Lo que más llamó la atención fue la inmensa cantidad de papelitos cortados a mano, una tradición que pareció revivir lo mejor de la década del 90. Desde apuntes universitarios hasta facturas antiguas y dibujos infantiles, cada pedazo de papel contribuyó a una atmósfera densa y épica que cubrió el césped por completo.
Además del despliegue visual, las tribunas lucieron tirantes, paraguas y banderas históricas, destacándose un trapo especial en homenaje al Beto Alonso. Los fanáticos dejaron en claro que, tras la salida de Marcelo Gallardo, la ilusión se mantiene intacta. Fue un respaldo absoluto para el "Chacho" Coudet en su debut oficial en el partido más importante del país.
Este marco espectacular reafirma el compromiso del hincha en un momento de transición futbolística. La fiesta no solo fue un mensaje para los jugadores, sino una demostración de poderío de una hinchada que sabe cómo jugar su propio partido desde las gradas en las citas de máxima tensión.