Maxi Salas atraviesa su momento más crítico desde que aterrizó en Núñez. El delantero, que llegó a River Plate tras una transferencia cercana a los 8 millones de dólares mediante la ejecución de su cláusula de salida de Racing, no ha logrado replicar el nivel que lo convirtió en figura.
El presente del atacante se resume en "hacer agua" dentro del esquema millonario: pocos goles y un rendimiento que dista mucho de las expectativas iniciales. Esta sequía goleadora, sumada a una relación cada vez más tensa con las tribunas, ha provocado que el hincha pierda la paciencia. La presión es total para un jugador que necesita "cambiar el chip" urgentemente para justificar la enorme inversión realizada en su pase.