El 3 de abril de 1948 no fue una fecha más para el boxeo de nuestra provincia. Aquella jornada, el cuadrilátero del recordado Estadio Babilonia, ubicado en la calle San Juan, fue testigo del nacimiento de un fenómeno de masas: José María Gatica debutaba formalmente en tierras mendocinas frente a Livio Sosa.
El rugido del Tigre de Villa Mercedes
Gatica no era un boxeador convencional; era el "Tigre de Villa Mercedes", un personaje que desbordaba carisma y una guapeza técnica que lo conectaba de inmediato con el sentimiento del pueblo. Su presencia en el Babilonia, aquel recinto emblemático situado entre las calles José Vicente Zapata y Don Bosco, generó una expectativa pocas veces vista. Bajo las luces de la capital, el "Monito" demostró que su destino era la gloria deportiva y la inmortalidad popular.
El combate contra Sosa quedó marcado en la memoria de los antiguos habitués del pasaje San Juan como el inicio de un romance eterno entre el público local y el ídolo. Aquel boxeador, que años después sería inmortalizado por Leonardo Favio en el cine, ya mostraba en Mendoza las garras de quien no temía a ningún oponente.
Su figura excedió lo estrictamente pugilístico para transformarse en un símbolo de resistencia y pasión. Hoy, a casi ocho décadas de aquel choque de guantes, el eco de los aplausos en el desaparecido estadio sigue resonando. Gatica dejó en Mendoza una huella imborrable, reafirmando que los ídolos del pueblo nunca cuelgan los guantes en el recuerdo colectivo.