El Mundial de Argentina 1978 dejó una de las anécdotas más bizarras de la historia del fútbol. En el Estadio de Mar del Plata, Francia y Hungría se enfrentaban en un partido correspondiente al Grupo 1. Al estar ambos combinados eliminados tras perder contra Argentina e Italia, el encuentro se presentaba como un mero trámite formal. Sin embargo, un insólito error de coordinación administrativa demoró el inicio del juego y desató el caos.
Durante el calentamiento previo, los capitanes descubrieron que ambos equipos pretendían jugar con camisetas blancas. El dirigente francés Henry Patrelle se había guiado por una circular antigua de la FIFA y no advirtió una nueva directiva que obligaba a los Galos a usar su tradicional indumentaria azul. Para colmo, Francia había dejado toda su ropa en Buenos Aires.
El salvataje de un club local
Ante el riesgo inminente de suspensión y la impaciencia del público, los dirigentes del Club Atlético Kimberley de Mar del Plata auxiliaron a la potencia europea prestándole sus camisetas verdes y blancas a bastones.
Como el club local solo disponía de numeración del 1 al 16, se generó un divertido desorden visual, ya que los dorsales de las camisetas francesas no coincidían con los números de sus pantalones. A pesar del retraso de 40 minutos, Francia terminó ganando 3 a 1 en una jornada inolvidable.