El 11 de junio de 1978, el estadio de Mendoza fue escenario de uno de los partidos más memorables de la historia de los mundiales: el cruce entre Países Bajos y Escocia. Aunque el seleccionado británico no logró la diferencia de tres goles necesaria para clasificar, el encuentro quedó grabado a fuego por dos acontecimientos sin precedentes en la Copa del Mundo organizada por Argentina.
En esta columna de Fernando Montaña, revivimos el gol número 1.000 en la historia de los mundiales convertido por el neerlandés Rob Rensenbrink y la joya posterior de Archie Gemil, una obra de arte gambeteando a la defensa holandesa que se convirtió en el "gol maradoniano" de los escoceses. Conocé la historia de esta gema del potrero y cómo su mística fue inmortalizada años después en una famosa escena de la película británica Trainspotting.