Hoy es la marca que viste a las selecciones de Brasil, Francia e Inglaterra en los grandes torneos mundiales. Sin embargo, pocos saben que uno de los logos más famosos del mundo nació inspirado en una deidad exhibida en el Museo del Louvre y costó apenas 35 dólares.
De la mitología griega al gigante del marketing
La historia comienza en la Acrópolis de la Antigua Grecia, donde se veneraba a la diosa Atenea Niké. Ella no solo era la diosa de la sabiduría, sino también la estratega maestra de la guerra justa. Para los atenienses, representaba el triunfo de la civilización y el intelecto, convirtiéndola en el símbolo indiscutido de un imperio que se consideraba invencible.
En el Museo del Louvre, presidiendo majestuosamente las escalinatas principales, se encuentra la Victoria de Samotracia. Esta obra de la escultura helénica, aunque hoy la vemos sin cabeza ni brazos, transmite una sensación de velocidad brutal gracias a sus alas desplegadas y el efecto del viento en sus ropajes. Esta figura incompleta terminaría revolucionando el marketing deportivo moderno.
En 1968, Phil Knight buscaba un nombre comercial que transmitiera esa misma potencia. Tres años después, en 1971, le encargó con urgencia un diseño a Carolyn Davidson, una talentosa estudiante. Por puro apuro, Knight eligió un trazo que evocaba una de las alas de la diosa Niké, y pagó a la joven la modesta suma de 35 dólares.
Hoy, ese diseño vale miles de millones y la figura de Niké sigue tan vigente en el deporte que aparece en el reverso de las medallas olímpicas.