En una reciente columna para Círculo Político, el periodista Alejandro Álvarez nos invitó a recorrer las milenarias piedras del Cerro Tunduqueral. Ubicado a la vera de la ruta 52 en el distrito de Uspallata, a tan solo siete kilómetros de la villa cabecera hacia el norte, este cerro de fácil escalada esconde en sus laderas oscuras un enorme valor arqueológico y espiritual.
Un altar religioso tallado en la piedra viva
El Tunduqueral no es solo una formación rocosa, sino que funcionó como un lugar de oración y culto para las comunidades precolombinas, principalmente la de los huarpes. Desde el siglo V de nuestra era, alrededor del año 400, este sitio albergó celebraciones para honrar la vida. Álvarez detalló que la mayor parte de las personas que subían a realizar estos ritos eran mujeres, quienes utilizaban el santuario para pedir por la procreación y la multiplicación de sus familias. Las huellas de estas prácticas quedaron inmortalizadas en forma de petroglifos: figuras antropomórficas y de animales esculpidas sobre la pátina natural de la piedra.
Sin embargo, este patrimonio invaluable se encuentra amenazado. La abrasión y el paso del tiempo están desvaneciendo los grabados originales, lo que motivó a instituciones como el Conicet a intervenir. Como medida de conservación, se está empleando tecnología 3D para filmar y recrear digitalmente la apariencia prehispánica del lugar. Hoy, con guías turísticos y cartelería, el cerro espera a los visitantes, dejándonos el gran desafío de preservarlo para las futuras generaciones.