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SECRETOS DEL MUNDO

Misterio y terror sobre rieles: 8 estaciones de tren fantasmas que te darán pesadillas

De túneles infinitos en Japón a andenes embrujados en la India, un impactante recorrido por los rincones ferroviarios más perturbadores, misteriosos y abandonados de todo el planeta.

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Por Ciudadano.News

20 Junio de 2026 - 17:48

El mundo esconde rincones donde el tiempo parece haberse detenido bajo una capa de misterio, óxido y leyendas urbanas perturbadoras. Alrededor del planeta, existen estaciones de tren fantasmas y bizarras que se convirtieron en verdaderos escenarios de pesadilla, atrayendo a curiosos del turismo oscuro y desafiando los límites del miedo. Desde parajes devorados por la radiación hasta andenes donde el mito de lo paranormal se volvió parte del mapa cotidiano, Alejandro Álvarez recorrió en El Interactivo estas terminales ferroviarias que esconden secretos escalofriantes.

Del abismo subterráneo a las vías del más allá

Uno de los puntos más inquietantes se encuentra en Japón: la estación subterránea de Doai, conocida como la "estación de los topos". Para llegar a sus vías solitarias, los escasos pasajeros deben descender a pie 486 escalones en un túnel húmedo y completamente silencioso, donde perder el último viaje significa quedar atrapado en la más profunda penumbra. En tanto, la tragedia nuclear se hace presente en Ucrania, donde los vagones abandonados de Prípiat permanecen congelados y devorados por la maleza desde el desastre de Chernóbil.

Sin embargo, el terror sobrenatural definitivo pertenece a la estación de Begun Kodor, en la India. Este andén fue totalmente abandonado por sus trabajadores y pobladores tras el supuesto avistamiento del espectro de una mujer, provocando que hoy los trenes pasen de largo sin detenerse. El listado de anomalías incluye el peligroso mercado sobre las vías de Maeklong en Tailandia, la congelada terminal de Norilsk en Rusia, la majestuosa estación fantasma de City Hall en Nueva York y el imponente cementerio de locomotoras de Uyuni en Bolivia. Estos destinos demuestran que, cuando el ser humano se retira, las vías ferroviarias cobran una vida propia y perturbadora.