Por Ciudadano.News
20 Mayo de 2019 - 12:04
Las fantasías medievales están de moda. Al parecer, algo nos atrae de aquellas "oscuras" épocas pasadas. En las que caballeros y damas; siervos y señores; pero, también, dragones y brujas pugnaban por sus ideales o, simplemente, por sobrevivir.
Me dicen que son legión los que siguen a esta serie de HBO. Como antes, otros tantos, lo habíamos hecho con la saga de J.R.R. Tolkien de El Señor de los Anillos.
Pero el espíritu de ambas obras es bien distinto. Juego de Tronos, o GOT, ha sido escrita por G.R.R. Martin. Un novelista y guionista norteamericano de series de TV de nuestros días, sin otra experiencia previa que la del ejercicio del periodismo profesional, pero que una de sus obras, Canción de hielo y fuego, una saga de seis libros, lo llevó a la fama al ser adaptada para la popular serie GOT.
Por el contrario, Tolkien fue un escritor, poeta, militar y lingüista nacido en Orange, al sur de África. Mientras Martin ha seguido los conflictos de nuestra época por TV, Tolkien combatió en las trincheras de la 1ra GM como teniente primero de los Fusileros de Lancashire, llegando a participar de la sangrienta batalla del Somme. De allí que sus descripciones de combates fantásticos nos resulten tan realistas.
Por otro lado, uno (Martin) es progresista, el otro (Tolkien) un fervoroso conservador. Ambos comparten el gusto por los escenarios medievales y sus personajes pueden llegar a ser similares, pero no el espíritu que los impulsa.
Los de Martin promueven consignas feministas y LTGB, los de Tolkien prefieren seguir el molde clásico del héroe y de la heroína. Sus villanos son siempre malos y los buenos son siempre buenos.
Volviendo a la actualidad, de GOT –para colmo de males– se sabe que esta última temporada, la octava, no se basa en la famosa obra de Martin Canción de hielo y fuego, sino en un guión escrito por D. Benioff y D.B. Weiss. A quienes muchos fanáticos de la serie no dudan en calificar como incompetentes. Habrá que ver el último capítulo para sacarse las dudas.
En El Señor de los Anillos se terminan imponiendo el Bien y los buenos. Cuando fue escrito, las tropas del Kaiser alemán se habían rendido a los Aliados. Reinaba la paz. Lógico, su autor había combatido en la “guerra que acabaría con todas las guerras”. Sabemos que no fue así. Faltaba conocer a Hitler, a la bomba de Hiroshima y a otras lindezas de la 2da GM.
GOT también, terminó. Pero, no lo hizo en una forma moralmente clara. Más allá de las decepciones de los fanáticos de la serie que tenían cada uno, a sus favoritos, su final es uno dividido. Uno confuso.
Probablemente, esto se deba a la percepción de muchos de que los buenos ya no son tan buenos ni que los malos son tan malos. Lo que no implica que estas categoría no existan. Es que, ahora, dudamos que alguien pueda atribuirse su monopolio.
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