Por Enrique Villalobo
31 Agosto de 2025 - 09:00
En la Argentina una triste y trágica historia nos remite siempre a que la salida de un presidente antes del fin de su mandato es sinónimo de golpe contra la democracia. En cierta forma es positivo que se piense así porque muestra que la adhesión a las instituciones republicana se va reafirmando cada vez más con el paso de las décadas.
El asunto es que por ahora la democracia no tiene ninguna alternativa que la supere ética ni moralmente, y además como se puede ver si miramos por alguna ventana hacia el mundo, sigue siendo muy frágil.
Por eso es que hay que seguir resguardándola por el bien de todos. Valga para ello el debate y la participación ciudadana. No hay que dejar de precaverse de toda clase de enemigos visibles y ocultos, de toda la tropa de sinvergüenzas que aparece siempre que se les da una oportunidad.

Pero también no debemos dejar de visualizar a un enemigo terrible que ha hecho estragos en la historia de los países en el pasado y que vuelve amenazante: la indiferencia.
Si bien la persona presidencial puede ser remplazada constitucionalmente, no sin durísimas crisis, la institución Presidencia debe ser indestructible.
Los errores del jefe del Estado y sus colaboradores, la ineptitud y la falta de idoneidad, ha paralizado a la conducción del país mostrando metidas de pata, mala intención o quién sabe qué, las cuales pegan en la línea de flotación del machucado argumento del equilibrio/superávit fiscal.
Elegir pelearse con todos y erigirse como el único revelador de la verdad absoluta puede sumar adhesiones y aplausos, algo que se va a mantener en tanto en la otra vereda siga desfilando la opción kirchnerista, por ahora devaluada y poco creíble.
Lenguajes duros y señales que hay que observar
Elegir tirar piedras o insultar puede llevar a situaciones que en nuestro país ha llevado a extremos que provocaron heridas cuyas cicatrices todavía están expuestas aunque casi nadie las mire.

Gobernabilidad
No hay que escarbar mucho para comprobar lo que tiene como consecuencia un gobierno no solamente débil, sino debilitado porque significa que no es lo que parecía y que la desilusión empieza a cobrar espacio y eso a la gente le causa un vacío incómodo que no es fácil de olvidar ni superar.
Lo insólito es que esto se le haya ido de las manos a un Gobierno que de tener la situación asegurada camino a las elecciones ahora se cae en las encuestas y esto empieza a preocupar a los que miran desde afuera a la Argentina tanto para invertir como para prestarle plata, dos cosas de las que el país no puede prescindir.

Bastante se ha hablado de la inexperiencia y la falta de muñeca política, eso puede ser perdonable durante un tiempo, generalmente corto, y que puede tener que ver con el devaluado concepto de "los 100 días de luna de miel", que cada vez tiene menos días.
Por ahora han habido malas repuestas o silencios inexplicables que no hacen otra cosa que alimentar la incertidumbre y la desorientación algo de lo que los argentinos estamos cansados.
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