Por Daniel Gallardo
9 Mayo de 2021 - 18:42
Las estremecedoras imágenes de represión en las principales ciudades de Colombia se viralizaron en las redes sociales.
Una mecha encendida que se dirige a su matriz, la explosión social de toda Sudamérica, fundamentalmente Argentina, uno de los países con mayor desigualdad social, económica e impositiva del mundo. Sobre esto último, catalogado por naciones de elite del planeta como el país de mayor carga de impuestos para todo.
Para la clase política, gremial y cierto segmento social hay un modo de mirar y definir la grieta que, para el criterio de ellos, es la que sufre la nación.
Mientras, para el grueso de la población y el mundo que nos mira, la grieta que padecen los argentinos es la que divide a los que viven muy mal, con el peso de trabajar, producir y aportar impositivamente, de los muchos que viven muy bien, sin hacer nada, recibiendo todo en plata y oportunidades, bicicleteando toda carga impositiva hasta el límite del escándalo.
En Colombia, el presidente Iván Duque pretendió con una despiadada reforma tributaria recuperar todo el gasto que produjo la catarata de medidas sociales que implementó para enfrentar la pandemia de COVID-19.
Sobresalía recaudar el equivalente de US$ 6.294 millones en un solo golpe al bolsillo de la gente con la imposición de cobro del IVA en alimentos y servicios de luz, agua y gas.
La reacción de la gente no se hizo esperar, pero tampoco la represión con la que el gobierno de ese país intentó acallarla.
Y a pesar que la administración colombiana retrocedió con las medidas, los enfrentamientos en todo el territorio se agudizaron con más muertos.
Un fenómeno que tomo mucha fuerza en las redes sociales, sobre todo de Latinoamérica, donde los jóvenes tomaron inmediata posición con los colombianos, al tiempo que comenzaron a observar a sus propias naciones.
Un punto que en Argentina se está mostrando con activa participación de muchos adolescentes que se comunican entre sí y marcan sus posiciones al respecto.
No es casual lo que está sucediendo con las jóvenes generaciones de nuestro país, algo que no está siendo observado, y por lo consiguiente, interpretado por un grueso del Estado.
Lo debería hacer, porque nuestros pibes están haciendo lo que no hemos sido capaces los adultos de mostrar por cualquier medio el hartazgo de las desigualdades de toda índole con las que tiene que sobrevivir a diario la Nación.
La población, atacada por inflación e impuestos, pende de un hilo en su subsistencia, fundamentalmente en lo básico, su alimentación.
Mercaderías, lácteos, frutas y verduras dejan ver lo más descarado de la especulación de los que se aprovechan de la gente que producen alimentos, pagándoles migajas y de los que necesitan consumirlos cobrando inadmisibles exorbitancias.
En esto último desembocan coincidencias gubernamentales con una batería de impuestos que terminan de aniquilar toda esperanza de proyección de un vivir mejor de cualquier ciudadano honesto, de los muchos que tiene nuestra tierra.
Todo esto lo notan nuestros pibes y de allí su creciente rebeldía.
Como cuando en Mendoza, a finales del 2019 y principios de 2020, marcharon desde distintos puntos de la provincia y confluyeron con sus pares capitalinos para defender férreamente la ley que protege el agua, la 7.722.
O cuando en el noreste argentino, en la zona más pobre y sometida política y socialmente, chicas y chicos salieron a la calle a gritarle a Gildo Insfrán, ese dictador disfrazado de gobernador, toda esa ignominia que por décadas comete sobre la sufrida población formoseña.
Ejemplos que bien se podrían potenciar en distintos puntos de la geografía nacional con la fuerza que está imprimiendo la revolución juvenil de pibes colombianos y que sus pares de la región resaltan, por ahora, con su apoyo en las redes sociales.
Nadie hasta ahora, en el ejercicio republicano de gobernar tanto el país como la provincia, escucha o tan siquiera reacciona cuando diferentes sectores de la economía piden bajar la presión impositiva.
Es de imaginar que si hay oídos sordos con quienes invierten y son irradiantes de fuentes de trabajo, lo que puede suceder con ese ciudadano común que no da más y que el ahogo solo lo empuja a un estado de pobreza casi permanente.
Los colombianos por mucho menos de lo que hoy la gente en Argentina debe soportar, produjeron en pocos días una verdadera muestra revolucionaria, donde los jóvenes coparon la parada.
Una clara demostración de hacer valer sus derechos, sus sacrificios laborales y el de proyectar una vida mejor donde la riqueza, como las responsabilidades, sean lineales e igualitarias.
Lejos de cualquier ideología y cerca de la lógica, el sentido común y la sensatez.
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