Por Ciudadano.News
25 Marzo de 2019 - 14:22
Efemérides es el estudio de los cuerpos celestes que surcan nuestro cielo en un momento dado y se la utiliza para la navegación celestial. También la emplea la Astrología para interpretar el significado de los eventos celestes a los efectos de anticipar los sucesos terrenales.
Todas las culturas ancestrales, desde los babilónicos hasta los mayas han, por un lado, realizado una medición exacta de estos fenómenos y por el otro, abundado en las interpretaciones de los mismos.
Igualmente, el denominado Proceso de Reorganización Nacional o dictadura militar puede encuadrarse en dos efemérides bien concretas. La de su inicio, el 24 de marzo de 1976, y la del comienzo de su fin, el 2 de abril de 1982.
Ambas tienen en común que comenzaron siendo una esperanza que terminó en tragedia, aunque de distinta naturaleza. Si el 24 de marzo encarnó la necesidad de derrotar a un enemigo interno, el terrorismo, la del 2 de abril el de uno externo, el inglés.
Ahora no es –ni vale– lo mismo ser derrotado moralmente por un enemigo interno después de haberlo vencido militarmente que serlo en lo militar por uno externo al que se vence en lo moral.
La represión ilegal de la dictadura se opone por el vértice a la recuperación de un territorio irredento aunque sus autores hayan sido casi las mismas personas: los altos mandos militares de nuestras FF.AA.
Probablemente, uno no se entienda sin el otro pues ambos se multiplican y se magnifican mutuamente ya que las virtudes de uno son usadas para acentuar los defectos del otro. Si Malvinas es y sigue siendo una causa nacional es, a la vez, la razón para la condena más rotunda del Proceso Militar.
Se suma a ello, sin duda, las presiones externas de nuestros enemigos históricos, los ingleses, para completar nuestro sometimiento a través de una clase política que condena a la corporación militar por una cosa (la dictadura) cuando en realidad lo hace por otra (Malvinas).
Sucede que Malvinas, con sus 74 días de gloria y de infortunio, es la clave de arco que permite no solo la reivindicación internacional del Proceso, sino también el norte para una futura recuperación de la Patria. Tal como en el pasado, pudo haberlo hecho el combate de la Vuelta de Obligado para con el gobierno autoritario de Juan Manuel de Rosas.
Y así como los años y el testamento del General San Martín en el exilio exculparon a Rosas de otras faltas por el simple hecho de haber defendido nuestra soberanía, muy bien el tiempo podrá hacerlo con Galtieri. Nos guste o nos guste esto, así funciona la valoración histórica. Necesita del tiempo.
Un tiempo que nos habla primero de una desmalvinización iniciada por los propios mandos militares de la época y luego seguida por los políticos venales que la aprovecharon para someter a los militares a su antojo y conveniencia.
También, santo y seña para quienes no aceptan la rendición incondicional de nuestra Patria a los poderes extranjeros.
Aunque aquí se alce, hoy, un nuevo el peligro, cual es el de politizar y reducir la causa Malvinas a una simple postura política unida a otra válida, como es la defensa de las dos vidas.
Malvinas no es patrimonio de nadie, es de todos los argentinos. Ni siquiera de sus veteranos ya que la misma los excede aún a ellos.
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