Por Ciudadano.News
6 Enero de 2023 - 13:51
La numerología no es una disciplina nueva, y un experto en esas lides podría explicar por qué, en Argentina, el diez es un número que revela tantos significados.
Para los argentinos el diez es todo lo que está bien: ¿cómo andás? ¡¡Diez puntos!!; ¡¡me saqué un diez!!; de mecánica está diez puntos; era un fenómeno, era diez en todo.
Podríamos seguir enumerando. Así, el mejor jugador del equipo lleva la diez. El jugador más admirado de la Argentina por los argentinos colocaba el 10 hasta en su firma, pero el más cuestionado también lleva la diez.
El diez debe ser el mejor, el que la rompa, el que pide siempre la pelota.
Si en otras disciplinas, sistemas de creencias y demás hay números cabalísticos, como el siete, para nosotros el diez es el centro. De hecho, hasta cuando se pide calma, reflexión, bajar un poco las revoluciones, se dice contar hasta diez.
Aquel lejano 20 de marzo, desde un estrado montado en la Residencia Presidencial de Olivos, el presidente Alberto Fernández anunció el comienzo de la cuarentena, ante la pandemia de coronavirus que comenzaba a multiplicarse en el mundo, y luego se promulgaba el decreto 320/2020 que imponía las condiciones con que comenzaba a enfrentarse la crisis sanitaria.
El último viernes, la escena se repitió con el habitual “trío pandemia”, del Presidente, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, y con la consabida rutina de anuncios, muestra de “filminas” con estadísticas que luego la realidad se encarga de desmentir y aclarar en sus habituales errores, y los discursos de los dos compañeros, que reiteran sus tonos, mesurado uno, desafiante el otro.
Pero la particularidad es que el de viernes, fue justamente el anuncio número diez.
El Presidente acude a su habitual tono paternalista, pero luce cansado. La sociedad escucha con cansancio la repetición de datos que ya ilustran poco.
Lo que en algún momento fue percibido como una buena estrategia para enfrentar la pandemia, fruto de la imprevisión, la improvisación, el descuido de otras variables como la económica –se habla de la pérdida de un millón de puestos de trabajo- hoy se percibe con críticas muy atendibles desde muchos sectores.
La imagen presidencial se resiente y sus aliados políticos aprovechan la crisis para tropelías varias en función de buscar la impunidad para políticos y empresarios con innumerables causas judiciales.
Sus desangeladas palabras, diciendo que no hay cuarentena porque la gente no la cumple, muestran como, al revés de lo que debería haber sucedido, el plan salió mal: el pico debería habernos encontrado con las defensas altas, buena predisposición y capacidad para el sacrificio. Nos encuentra hastiados, desconfiados, cansado y rebeldes.
Lo que al inicio, por muchos, fue calificado como excelente respuesta del Gobierno, como un diez, ha dejado de serlo.
A la sociedad solo le queda contar hasta diez. Y seguir bancando…
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