|01/05/22 09:52 AM

Debe trabajar el hombre para ganarse su pan

Somos más de 7 mil millones de habitantes en la Tierra, todos tienen derecho a comer y vestirse, pero los medios para obtenerlo son cada vez más desiguales

01 de mayo, 2022 - 09:52

Como nunca antes, en estos tiempos de crisis y enfrentamiento entre los dos costados de la forma de entender a la Argentina y a la forma de vivir en ella, el concepto “trabajo” ha cobrado una fuerte notoriedad, porque se lo esgrime y con justa razón, como el punto de partida para que nos deje de ir tan mal como nos va. Pero es necesario intentar definirlo en sus diferentes sentidos de acuerdo a los respectivos intereses.

Sin duda lo debemos considerar como la única fuente reconocida y respetable para obtener el sustento esencial para la vida, y como en este caso no se debería definirlo como una atribución del individuo consideramos que la necesidad de ese sustento se traslada a la familia, a la prole, a esa unidad del tejido social que, sin ninguna valoración religiosa o moral, existe desde el comienzo de la vida humana sobre la tierra, cualquiera sea la cosmogonía a la que apeguemos nuestros sentimientos.

Entonces el humano debe trabajar para vivir él y su familia, como quiera que ésta se componga, por lo tanto, quedaría claro que nadie puede vivir sin trabajar o que otro lo haga en su lugar. Claro que las cosas dejaron de ser sencillas desde que el trabajo dejó de ser una acción directa para extraer los bienes de la naturaleza, y con la evolución de la forma en que el humano organizó la vida en comunidad, surgió la división del trabajo, es decir unos hacían una cosa que otros no hacían, pero sí necesitaban y viceversa. 

Saltamos la historia, las tareas se complejizaron, pero siempre el orden establecido determinaba que muchos ponían el esfuerzo personal, cuando no el sacrificio, pero unos pocos gozaban de la riqueza, de los beneficios y de los honores. Con solo observar los monumentos, el pasado arqueológico y las grandes obras, desde las pirámides, Stonehenge, las grandes catedrales. la Gran Muralla o el túnel Cristo Redentor, en todo está presente el trabajo humano, desde el ingeniero hasta el más humilde de los peones. Y en todos, pero particularmente en este último, reside el verdadero concepto de lo que es un trabajador, el que pone el cuerpo, la salud, a veces la vida, y no se lleva la mejor parte.

Cuando algunos empezaron a apropiarse de la mayor parte de la riqueza que generaba el trabajo, éste pasó a ser una mercancía más en el sistema económico, sobre todo a partir de las sucesivas revoluciones industriales. La inequidad en la distribución fue la consecuencia y el surgimiento de las teorías reivindicativas de los derechos de los trabajadores que alborotaron la “tranquilidad” de la buena gente trastocó el mundo. Surgieron y cayeron las revoluciones, pero todos se llenaron en algún momento la boca con el objetivo final de la defensa de los trabajadores y la búsqueda de un mundo mejor.

Transcurrido el siglo XX con sus portentos y sus tragedias, es una verdad comprobada que los intentos de edificar el estado obrero y campesino, o la dictadura del proletariado, fracasaron. O cayeron bajo la evidencia de que todavía es la economía de mercado -con capitalismo estatal o privado- la que termina dominando, o se convierten en sistemas autoritarios en los que el despotismo se afianza beneficiando no a los trabajadores en general, si no a una élite de dirigentes que dice representarlos.

En la Argentina conceptos tales como: los trabajadores columna vertebral del movimiento, el pueblo trabajador o solo con el trabajo se sale adelante, son versiones de viejas y nuevas promesas que viene haciendo la dirigencia política en sus diferentes versiones a través de los años. 

No hay todavía un sistema político dentro de la democracia que ponga al trabajo en su justa medida, salvo honrosas excepciones, trabajar hoy en el país no permite ahorrar ni proyectar a las grandes mayorías. Por el hecho de ser el trabajo una mercancía y el salario su precio, al haber una sobreoferta y una calidad muy difícil de mejorar por las deficiencias de la capacitación, ese precio seguirá siendo muy bajo.

Se podrá decir que, si alcanza para comer y vestirse además de otras necesidades, es suficiente; se replica también que en el esfuerzo por mantener las fuentes de trabajo se pierde parte de lo que se podría distribuir mejor, muchas veces es verdad; se advierte que la tecnología va sustituyendo el esfuerzo y la inteligencia humana y por lo tanto reduce las fuentes laborales, va siendo cierto. 

Entonces el trabajador en su concepto más genérico tiene poco a su favor en el futuro, después de décadas de luchas en un día como hoy se evocan a cuantos se inmolaron para que enormes masas tuvieran algún reconocimiento o exiguos beneficios. 

Somos más de 7 mil millones de habitantes en la Tierra, todos tienen derecho a comer y vestirse, pero los medios para obtenerlo son cada vez más desiguales. No hay más remedio que trabajar, pero muchos no pueden resolver cómo, ni dónde y mucho menos por cuánto.Avísame