Por Martín Gastañaga
29 Abril de 2019 - 07:14
La semana que concluyó volvió a dejar un stress en los argentinos que ya nos tiene a todos pidiendo un respiro. Desde aquellos más informados que siguieron meticulosamente lainformación minuto a minuto, devanándose los sesos intentando saber para dónde arrancar, hasta los que se guían simplemente por el humor de la calle, lo que se dice por ahí, en todos el sentimiento de zozobra fue palpable (tal vez la única sonrisa haya estado en aquellos que se alegran con esto, remedando el setentista “cuanto peor, mejor”).Y si faltaban comensales al banquete, se sumó la ex presidente Cristina Fernández, con su “Sinceramente”, un libro de memorias donde repasa su gobierno y que se transformó en inmediato best seller, que vino a romper de algún modo el silencio en que basa su posible candidatura.
Si faltaba algo para sumar desconcierto al panorama, la doctora lo puso por escrito, para que no queden dudas.En esa semana aciaga, conversando con economistas y brokers de la city porteña, la conclusión siempre iba para el mismo lado: el problema es la incertidumbre, el saber cómo se comportarála Argentina en un escenario hipotético de un triunfo de la oposición, el miedo a un nuevo default como el que decretó peronismo en 2001 y recién se levantó en 2016.Todos piden, entonces, que haya consensos. Algún pacto de gobernabilidad, que los candidatos que juegan al silencio o la respuesta ambigua se comprometan, en algún punto, a respetar lo firmado.
En síntesis, el mundo pide una Moncloa argentina. El futuro pide menos grieta, para decirlo más simple. Por el contrario, la realidad augura más grieta...
¿Cómo se puede imaginar una Argentina futura si, en el escenario más previsible, un ballotage entre CFK y Macri, cualquiera que gane ya se sabe que tiene más de un 60% de imagen negativa? ¿Cómo se puede imaginar la Argentina futura si, en cualquier caso, se impondrá un bando y del otro lado habrá una sorda batalla?
En su libro, Cristina afirma que entregar el bastón de mando y la banda hubiera significado una “rendición”. Esa es la palabra usada. La palabra rendición, en esa acepción (otra es rendición de cuentas, completamente ajena a su vocabulario político) es una palabra de la guerra, del combate.
Ahí está el problema. Para una gran parte de la argentina la política es una guerra. En el extremo opuesto a su verdadera razón de ser, el encuentro, el consenso, el espacio para limar las disidencias, es concebida como el terreno donde aplastar al adversario, y si es posible exterminarlo. Esa concepción explica el “vamos por todo”. Del “todo” nace otra palabra que da miedo: totalitario.
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