La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia aprobó la fusión entre Telecom y Telefónica, pero impuso duras restricciones para evitar un monopolio que habría concentrado el 70% del mercado. La empresa deberá ceder 6 millones de líneas móviles y transferir clientes de banda ancha en zonas donde supere la mitad del mercado.
Además, tendrá que devolver 130 MHz de espectro radioeléctrico y abrir su infraestructura a competidores durante dos años. Telecom rechazó las condiciones por considerarlas excesivas. Mientras la disputa legal continúa, Claro y Telecentro emergen como los principales candidatos para absorber a los usuarios desplazados.