Tras alcanzar los 30 meses de superávit fiscal, los indicadores macroeconómicos de Argentina muestran una clara estabilización. Sin embargo, este orden general todavía no se refleja de forma uniforme en el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Los analistas explican que la economía atraviesa una fase de profunda heterogeneidad. Mientras ciertos sectores logran repuntar y cancelar deudas, industrias como la textil o la comunicación siguen enfrentando ingresos estancados. A esto se suma un cambio clave: el fin de la alta inflación eliminó la necesidad del sobrestockeo en los hogares. La macroeconomía encontró su rumbo, pero el derrame hacia el ciudadano de a pie requiere tiempo y competencia real.