La "diplomacia del átomo" coloca a la Argentina en el centro de la disputa tecnológica global. Con la energía nuclear recuperando terreno en el mundo como una alternativa limpia y eficiente, el país busca asociarse con capitales estadounidenses para desarrollar y exportar reactores modulares.
Este movimiento desplaza los antiguos acuerdos con China para la construcción de Atucha 3. Como parte de la estrategia, se planea privatizar el 44% de Nucleoeléctrica Argentina (NASA).
El objetivo del Gobierno es reemplazar industrias tradicionales poco competitivas con desarrollo de alta tecnología, sumando esta capacidad al gas de Vaca Muerta para consolidar un fuerte poder de negociación internacional.