Por Ciudadano.News
22 Enero de 2018 - 12:29
Un sistema jubilatorio es una forma de ahorro, una caja a la que aportan trabajadores y empleadores para garantizar que quienes se jubilan puedan percibir un ingreso que les permita vivir con dignidad.
Por el mal uso de esos ahorros a través de la historia argentina y el gran porcentaje de trabajo informal y desempleo que ha registrado el país, los aportes de los jubilados son, hace tiempo, insuficientes para solventar los haberes de todos nuestros jubilados.
El gobierno anterior lejos de intentar corregir estos desaciertos profundizó el problema. Se negaba a pagar lo que debía el Estado a los jubilados e incorporó a millones de personas al sistema, sin recursos para financiarlos, por lo que se convirtió en un sistema insostenible en el tiempo y asfixiante para las provincias.
Es indiscutible que el Estado debe asignar un ingreso a los abuelos que no lo tengan; tan indiscutible como que es injusto que el sistema no prevea los recursos para cubrirlos, y sean otros abuelos los que deban pagar los costos con sus ahorros de toda una vida.
Para superar lo que se estaba convirtiendo en un cuello de botella, el Gobierno Nacional convocó a una mesa de diálogo a los gobernadores. De un pacto fiscal firmado por 23 jefes de gobierno, emergieron compromisos que convergieron en una reorganización del sistema de reparto impositivo argentino, lo cual se tradujo en la baja de una gran cuota de financiamiento de ANSES al sacar la parte del impuesto a las ganancias que se destinaba a tal fin y convertirlo en un impuesto totalmente coparticipable. Todos estos factores llevaron al gobierno a tener que repensar el sistema de financiamiento de las jubilaciones y el sistema previsional argentino.
El nuevo sistema garantiza la movilidad de los haberes a través de una fórmula que los actualiza según la inflación en lugar de la recaudación fiscal, de modo que el deterioro que sufrieron los jubilados en sus ingresos en 2014 y 2016 –por la caída de la recaudación-, no se repetirá en el futuro, forjando a su vez un sistema más sustentable que actualiza las jubilaciones a la alza cada tres meses y no cada seis, como preveía el sistema anterior, porque la prioridad es conservar el valor de los ingresos de nuestros abuelos.
El empalme entre el viejo y el nuevo sistema podía significar una pérdida de ingresos a miles de jubilados. Pero a través del bono complementario dispuesto por el Gobierno Nacional a instancia de quienes integramos los bloques de diputados del radicalismo y la Coalición Cívica, subsanamos la distorsión y despejamos la inquietud de jubilados y pensionados.
Desde ahora, ningún trabajador que haya cumplido con 30 años de aportes cobrará por debajo del 82% del salario mínimo vital y móvil. Para miles de jubilados que aportaron largos años y veían deteriorarse paulatinamente sus ingresos -más de 50 mil mendocinos- el nuevo sistema actualizará sus jubilaciones cada vez que aumenta el Salario Mínimo Vital y Móvil, además de las subas trimestrales previstas. Lo mismo ocurre con asignaciones y pensiones no contributivas.
Desde la asunción de Cambiemos, un millón ochocientos mil chicos ingresaron al sistema más masivo de seguridad social. Lo mismo sucedió con los Créditos Argenta que ya superaron ampliamente los 2 millones de créditos otorgados en todo el país.
La reforma previsional no es una medida aislada. Se inscribe en una concepción política manifestada a través de la reparación histórica, con la que ya más de un millón doscientos mil jubilados –de un total de dos millones- accedieron sin necesidad de litigar, a los ingresos actualizados correspondientes a sus aportes, derecho que hasta ese momento había sido coartado por el Estado. Por otro lado la Pensión Universal para el Adulto Mayor creada también por este gobierno, que da cobertura vitalicia a las personas mayores de 65 años que no cuenten con jubilación ordinaria ni otro beneficio, forma parte de un paquete de medidas que busca asegurar durante este año la cobertura del 98% de los jubilados del país.
Las jubilaciones son bajas, y eso nos duele. Queda mucho por hacer, pero hemos dado un primer paso hacia ese sistema justo, equitativo, universal, integral, solidario, público y más sustentable que estamos construyendo.
Lo que queda por resolver, las deudas sociales que quedan por reparar, las abordaremos con la tranquilidad de tener un sistema previsional honesto equitativo y previsible.
Que Argentina crezca, que las brechas sociales se acorten y que la vida digna sea además de un deseo una realidad para todos, es el norte. Un sistema equilibrado y ecuánime, que proteja los ingresos de los jubilados, blindándolos contra la inflación, es una piedra fundamental en el proceso para lograrlo.
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