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Acuerdo Mercosur- UE: cómo se prepara la producción mendocina

Los acuerdos de libre comercio y apertura de los mercados alcanzados entre la Unión Europea y el Mercosur fueron recibidos con beneplácito por algunos sectores, y con cierta cautela por otros. En Mendoza, puntualmente, abordamos los casos de vitivinicultura y olivicultura

01 de julio, 2019 - 11:07

A pesar de lo que significa la chance de entrar en las góndolas de consumidores poderosos y sofisticados, se sabe que es un comienzo, y las tareas a afrontar para mitigar las asimetrías y pulir los intereses sectoriales es mucha. De ahí que el escalonamiento en el tránsito hacia una apertura total se haya pautado en años, e incluso en algunos sectores como el automotriz en más de una década.

El problema de la competitividad

La principal asignatura pendiente para la Argentina, en el marco de la integración y el libre comercio, pasa por la falta de competitividad de su economía y de su producción. En un país donde producir es sensiblemente más caro que en el resto, por una conjunción de motivos de difícil solución, la entrada de productos extranjeros puede ser devastadora, como ha sucedido repetidamente en nuestra historia.

Así, son múltiples los ajustes necesarios para que se pueda dar esa baja de aranceles y requisitos, y el escalonamiento se debe a las intenciones de, gradualmente, ir trabajando en cada uno de esos sectores.

Básicamente, el costo argentino está signado por los altísimos aportes patronales que tiene cada actividad, el llamado costo laboral, cuyas reformas han fracasado de pleno en medio de debates acalorados y hasta violentos. Otro factor, no menor, es la voracidad tributaria, que hace que la participación del Estado en la renta sea elevadísima, superior al 50% en casi todos los rubros, y cercana al 70% en las agropecuarias.

Logística, distancias, infraestructura, costo crediticio, tasas que hacen imposible la inversión, son otros ingredientes del cóctel que determina esta realidad.

Así, para cada sector de la economía provincial se están buscando cuidados y paliativos para que estos acuerdos representen una salida al crecimiento y no un camino a la defunción. 

El caso de la vitivinicultura

Puntualmente hablando de Mendoza y las posibilidades de su industria más significativa, la vitivinicultura, quien explicó la situación en CNN Radio Mendoza fue Sergio Villanueva, de la Corporación Vitivinícola Argentina, quien destacó: “Los acuerdos de libre comercio son terriblemente complejos porque hay que analizarlos por área o por sector, en el caso del tema vitivinícola, nosotros pataleamos bastante e hicimos bastantes gestiones, porque en principio la posición de Argentina era un acuerdo de libre comercio cero por cero en forma inmediata”.

Sergio Villanueva, dirigente de COVIAR.

El sector venía ya trabajando en el tema con diversos sectores del gobierno encargados de las negociaciones, y al respecto puntualizó: “Ayer (por el viernes) hemos tenido llamados de altísimas autoridades nacionales diciendo que tuvieron en cuenta lo que nosotros pedíamos, que era sí al acuerdo, pero como en todas las economías hay que ‘porotear’ cosa por cosa, porque evidentemente la unión Europea es una de las regiones que más subsidios tiene, para dar una idea en España tiene 300 millones de euros de promoción, y muy competitivos”, y acotó que entonces “habilitar en forma inmediata sería como pelear con Mike Tyson, cuando era Mike Tyson”.

El sector, en este contexto, no tiene dudas de los beneficios posibles de la integración, y por los dichos de Villanueva, se han dado los pasos consecuentes para prevenir posibles daños: “Los acuerdos no tienen ideología, son una negociación como cualquier otra. Nosotros lo que hicimos fue, a través de la corporación, hacer números y decir que hay que dar un tiempo racional para que esto se adapte, y finalmente salieron ocho años para adaptarse en una desgravación lineal, no es que son ocho años de espera, es que cada año va bajando un porcentaje”, pero también agregó que “el gran tema pendiente que tiene argentina es que se le cobra un impuesto a las exportaciones”.

Una de las cosas que preocupa a la industria vitivinícola es que, en Europa, el gran importador de vinos es el Reino Unido, y se espera que en octubre finalmente ocurra el brexit y se retire de la UE, “con lo cual el gran beneficio de tener un arancel más bajo para exportaciones, si el 50% del mercado se te retira con el brexit, el 50% del beneficio se te va”, aseveró el dirigente. 

Una de las cuestiones que resaltó, frente al tema de las economías regionales, es que “los sectores más organizados como el nuestro han podido negociar, presionar, jugar este partido. En estos ocho años habrá que hacer un programa de competitividad para hacer frente a esto, y compensar las asimetrías”.

Finalmente, Villanueva concluyó: “Nosotros sabíamos que esto estaba cocinado de antes, estamos contentos en el sentido de que con la Corporación Vitivinícola planteamos los números, que en la Argentina es difícil, porque cuando uno empieza a mostrar los costos y la estrategia de la negociación, inmediatamente lo tildan de estar en contra del acuerdo, lo cual no es cierto. Habrá que ser menos ideológico y más pragmático”.

Olivicultura

Por el lado de la industria olivícola, las perspectivas indican algo más de cautela. Las razones de falta de competitividad se marcan del mismo modo que en otras especialidades, pero también los saldos exportables para comercializar fuera de los mercados que ya se han conquistado no parecen poder cubrir demandas tan altas.

Juan Carlos García Zuloaga, de la Cámara Olivícola de Mendoza, explicó: “Para el sector nuestro es difícil, sobre todo el mayor problema que vemos es que somos casi Brasil dependientes, las exportaciones nuestras, el 85% van a Brasil y Estados Unidos, y nos queda un 15% para exportar al resto del mundo”. 

Juan Carlos García Zuloaga, presidente de la Cámara Olivícola.

Además, la UE tiene condiciones de producción diferentes, que también explicó García Zuloaga: “Si se levantan las restricciones que tiene la UE, que son los mayores productores del mundo de aceite de oliva, va a ser difícil porque ellos están subsidiados, y van a llegar con precios mucho más bajos que los nuestros, vamos a tener que ser mucho más competitivos”.

Sobre los problemas de competitividad, precisamente, destacó: “Acá tenemos que tener en cuenta lo que significan los terrenos. Nosotros tenemos terrenos sumamente caros y queremos seguir produciendo poco y mal, va a ser imposible. Tenemos que ir a una olivicultura más sustentable, extensiva, en zonas más alejadas”. 

El olivo entra en producción a los 14 años de plantado, entonces, pensar en una reconversión es de muy largo plazo. En promedio, en nuestra zona, el sistema de cultivos es de 147 olivos en una hectárea. En otros lugares, mucho más intensivos y tecnificados, se llega a casos de 3.500 plantas por hectárea, prácticamente armando un ligustro de olivos. 

Este modo de producción, entonces, marca las dificultades que afrontará la actividad con la apertura. De ahí la importancia de la letra chica y los acuerdos sectoriales a lograr.

“Tenemos tiempo de ir acomodándonos y buscando las formas”, concluyó el dirigente, dejando en claro la voluntad de, pese a todo, continuar produciendo.