Ocho expilotos y tripulantes declararon ante la Justicia. Revelaron que el equipaje de las comitivas oficiales subía a los aviones sin controles de seguridad aeroportuaria, y era manipulado directamente por secretarios.
El dato más grave aportado a la investigación fue la confirmación de los llamados "vuelos canillitas". Se utilizaba la estructura estatal y la pista de Aeroparque para trasladar diarios y mobiliario hacia hoteles en El Calafate.
Esta operatoria logística costaba a las arcas del Estado entre 2.500 y 3.500 dólares por hora de vuelo. Las confesiones exponen crudamente cómo la barrera entre los bienes públicos y los caprichos privados quedó completamente diluida.