Por Ciudadano.News
25 Diciembre de 2018 - 12:05
Ocurrió en vísperas de la Nochebuena de 1914, en plena primera Guerra Mundial. Tal vez es la historia más conmovedora que se tiene razón en la humanidad.
Muy poco se conoce este trascendental episodio, en donde un puñado de hombres de un bando y de otro se dieron una breve tregua en los sangrientos campos de Ypres (Bélgica) para festejar la Navidad.
Eran momentos de muerte y horror en las trincheras, donde miles de soldados alemanes, británicos, franceses, belgas, austríacos y de otras nacionalidades se mataban a sangre fría. El continente europeo se encontraba luchando y el patriotismo fluía en los jóvenes que felices iban a pelear por sus naciones.
Pero, cuando esos combatientes llegaban al campo de batalla, el entusiasmo se transformaba en apatía, en desagrado. Allí se ponía en práctica la más avanzada y despiadada tecnología para aniquilar al enemigo.
Noche de paz
Todo comenzó en el frente occidental, muy cerca de la ciudad belga de Ypres. En ese campo de batalla, británicos, franceses se batían contra los alemanes que luchaban ferozmente en sus trincheras.
Pero unos días antes de llegar la Navidad, un soldado británico de 25 años, llamado Willie Loasby, se comunicó con algunos oficiales alemanes para llevar a cabo una breve tregua con el fin de festejar la Navidad.
Por su parte, soldados germanos hicieron lo mismo e invitaban a sus enemigos para que cesaran el fuego y compartieran aquel día festivo.
El 24 de diciembre este soldado británico salió de su trinchera y atravesó desarmado los varios metros que separaban ambas líneas.
La incertidumbre fue muy grande entre sus compañeros y llenó de sorpresa a los alemanes, quienes vieron a este joven desarmado y con un pañuelo blanco con el fin de llevar una paz momentánea a ese infierno de fuego y sangre.
Un oficial alemán recibió a Loasby, quien le dijo algunas palabras y preguntó si habían franceses. Detrás de ambos valientes militares se encontraban sus camaradas varios metros atrás. Ambos se abrazaron e intercambiaron cigarrillos y chocolates.
Luego de este encuentro, alemanes y británicos se saludaron y se felicitaron por aquel día simbólico. Fue en ese momento que pasó a la historia con la denominada “Tregua de Navidad”.
Amigos por un día
Después de este momento trascendental, cientos de soldados de ambos bandos cantaron juntos villancicos y otras canciones navideñas, además de mostrar fotos, obsequiarse regalos, como whisky, otros licores y comida.
Entonces, oficiales y soldados alemanes y británicos plantearon la idea de organizar un partido de fútbol para el día 25 de diciembre.
Estos momentos de paz sirvieron también para recuperar cadáveres y darles digna sepultura a cientos de cuerpos que se encontraban en el campo de combate. Se sabe que estos entierros se realizaron en zona neutral y los oficios religiosos fueron compartidos por ambos bandos. En esta ceremonia, sus capellanes leyeron unidos un fragmento del Salmo 23, que dice: “El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce...”
El partido del siglo
La breve tregua de esa Navidad, tuvo un condimento aún mayor y fue disputar un partido de fútbol entre estas dos naciones.
Un soldado escocés apareció con una pelota y rápidamente británicos y alemanes organizaron un partido.
Improvisaron los arcos con gorros y cascos en el frío terreno de Yprés, y cuando todo estuvo listo, se dio el arranque del partido y se pusieron a jugar. Entre ellos había varios escoceses del regimiento de Argyll y Sutherland Highlanders, quienes jugaban con sus faldas y fueron objeto de bromas entre los alemanes. En el equipo germano se encontraba el teniente Johannes Niemman, quien dejó documentado aquel evento deportivo.
El partido duró más de una hora y, quizás, lo más llamativo es que no hubo ni árbitro ni jueces de línea, pero se cumplió con el reglamento futbolístico.
Como una paradoja de la final de la Copa Mundial de Fútbol celebrada el territorio británico en 1966, donde Inglaterra le ganó a los alemanes 4 a 2, aquel día los germanos ganaron por 3 a 2.
Después del encuentro, ambos grupos siguieron compartiendo regalos, comidas y bebidas. Pero todo concluyó muy rápidamente y en cuestión de horas, los amigos alemanes y británicos regresaron a sus trincheras y se convirtieron otra vez en enemigos,tras lo cual millones de muertos quedaron en los campos de batalla hasta el 11 de noviembre de 1918.
Solamente la Navidad puede hacer esos milagros.... y así sucedió.
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