Por Ulises Addamo
29 Agosto de 2022 - 22:17
Libia vuelve a estar en el centro del diagnóstico global por los enfrentamientos de milicias rivales en Trípoli. Tras el fin del período de mandato consensuado del primer ministro interino Abdul Hamid al Dbeiba, avalado transitoriamente por las Naciones Unidas y que había asumido en marzo de 2021, la incertidumbre planteada con respecto a la fecha de elecciones del ejecutivo ha sido leído por las fuerzas opositoras como un intento de perpetuarse en el poder; escenario que propicia un clima de guerra civil generalizada.
Suspensión de elecciones
El comunicado de la comisión electoral, a finales del año pasado, anunciando la imposibilidad de celebrar las elecciones el 24 de diciembre de 2021, fue el disparador de las tensiones crecientes en los meses que siguieron a dicha determinación.
La suspensión de la convocatoria a sufragar se justificó en las disputas derivadas del disenso relacionado con las reglas de habilitación y elección de candidatos, los poderes que revestiría el presidente electo junto al parlamento y un malestar general por la falta de campaña de varios aspirantes a competir, que se considera tienen poca o nula aceptación social y con especial mención respecto a Saif al Islam, hijo del exdictador Muamar al Gadafi. Su mero intento de aspirar a conducir la nación provoca violentas reacciones en diferentes grupos étnico-tribales que ven en el hijo del fallecido “león de áfrica”, un amargo recuerdo de 42 años marcados por una dura represión que se extendió sobre cada ciudadano libio.
Esfuerzo de unificación fallido
La desconfianza entre las partes, está minando las esperanzas de la hoja de ruta planteada por el Foro de Diálogo Político para Libia (FDPL), creado por ONU. Esta entidad había logrado sentar en la mesa de discusión a “todas las partes” influyentes en un proyecto de pacificación del “país del Magreb” y se vislumbraba una chance real para terminar el capítulo de la división política y lograr la reconciliación. Inclusive, se esperaba que el nuevo ejecutivo a elegir, fuera el sucesor conciliatorio del gobierno de Unidad Nacional de Dbeiba y del Ejército Nacional de Libia, bajo la conducción del mariscal Jalifa Haftar. A su vez, contaría con un mancomunado reconocimiento internacional que hasta ahora no ha tenido ningún ejercicio posterior a Gadafi.
La ausencia de un proceso eleccionario a corto plazo despierta altos niveles de desconfianza y fragmenta los avances logrados. Vuelven a tomar fuerza las sospechas de corrupción que giraban sobre la imagen de Dbeiba. Haftar, que controla la principal fuerza militar del país, ha hecho de la estratégica ciudad de Sirte su bastión territorial, lo que le permite controlar también los principales campos petroleros y terminales de exportación al extranjero. El “mariscal”, ha instaurado un primer ministro paralelo con Fathi Bashaga como su “delfín designado” y, el llamado ”hombre fuerte de Libia” sería el promotor de los enfrentamientos en la capital, que se saldaron con más de 30 decesos y 150 heridos el fin de semana.
Después de Gadafi
Desde el derrocamiento del dictador Muamar el Gadafi en 2011, con esa “moralmente dudosa” intervención internacional respaldada por la OTAN y la cruenta guerra civil iniciada en 2014, el cúmulo de poder en Libia se encuentra diseminado en distintos frentes y bajo amenaza de sectores que se oponen férreamente a una unificación nacional, como son las numerosas milicias locales fuertemente armadas y la presencia de al menos 20.000 mercenarios y combatientes foráneos implicados en el caos y la violencia reinante.
Paradójicamente, bajo la mano de hierro de “Muamar”, los libios registraban la esperanza de vida más alta del continente africano. También, el Producto Bruto Interno (PBI) per-cápita más alto de África y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más destacado. Occidente, tras sus intervenciones, debería “dar lo que tomó” y garantizar que el proceso de consolidación tome nuevos bríos y se logré un camino duradero que le permita a cada libio reconstruirse y ser parte de la reedificación de su patria…como ellos decidan concebirla.
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