Por Ciudadano.News
12 Agosto de 2021 - 07:58
A los sociópatas no les importa mentir ni manipular a los demás, si con ello consiguen sus objetivos, especialmente en contextos competitivos.
A este tipo de personalidades les tiene sin cuidado utilizar, instrumentalizar o pasar por encima de quien sea, bien sea para lograr sus objetivos, o bien por simple hábito.
Lamentablemente, la descripción anterior aplica para una gran cantidad de personas en la época actual, muchos de ellos líderes en diferentes ámbitos. Los sociópatas tienen un trastorno mental, según la psiquiatría, pero en el marco de contextos también sociopáticos, pueden llegar a ser vistos con admiración, e incluso se convierten en modelos a seguir.
Los sociópatas no respetan las normas, porque las ven como una restricción a su deseo y esto es suficiente para no reconocerlas, por eso son nocivos: rompen el tejido social. No comprenden que leyes y normas se hacen, al menos en principio, para establecer límites necesarios que permitan una convivencia estable en las comunidades y sociedades.
Los contextos competitivos
En principio, la competencia es saludable porque contribuye a canalizar los impulsos agresivos que necesariamente surgen en los seres humanos. La sociedad limita los deseos individuales en función del colectivo y esto frustra, generando una suerte de deseo violento.
Compitiendo, se disipa en parte ese y otros deseos agresivos, de una manera que no afecta la estabilidad del grupo.
Sin embargo, la competencia misma, si es sana, está regida por normas. No se vale ganar acudiendo a acciones ilícitas. Tampoco es legítimo perder en una competencia en la que no se respetan las reglas de juego. Esto es lo que debe suceder, al menos en teoría.
El problema es que se ha llegado a una sociedad ultracompetitiva, en la que las normas son cada vez más difusas. Ganar se convirtió en el mayor valor, sin importar cómo se logre. El éxito se transformó en un fetiche, el tótem que la mayoría quiere poseer. Ese concepto fue impulsado principalmente desde el marketing y las corrientes psicológicas que le dan soporte.
No siempre ha sido así. Para los griegos, creadores de las olimpiadas, el mérito del triunfo precisamente estaba en que solo era obtenido por quienes más lo merecían. Es decir, por quienes daban muestra de un especial talento o virtud. Ganar era una recompensa a la excelencia
Los sociópatas y el éxito
La sociedad occidental y la cultura del consumo han llevado a que el gran mérito consista en tener dinero o fama. Ambos son sinónimos de éxito y a casi nadie le importa cómo se llega allí. Para ser el mejor atleta en la Grecia Antigua había que trabajar muchísimo y desarrollar talentos excepcionales. Para ser millonario en la sociedad actual, a veces solo hace falta no tener escrúpulos.
Los sociópatas y los grupos con rasgos sociopáticos ven como virtud esa falta de escrúpulos, aunque para nombrarla utilizan eufemismos como “mentalidad práctica”, “sangre fría” u otros por el estilo. La ausencia de moralidad y la carencia de sentimientos de culpa son su signo distintivo.
Este tipo de personas consiguen sus objetivos, siempre que estén en un contexto altamente competitivo y éticamente pobre. Esto, obviamente, refuerza sus ideas. Finalmente, el dinero les permite comprar hasta un buen nombre; y la fama les garantiza una influencia social decisiva. Así que el círculo se nutre a sí mismo y permanece.
Un mundo para los sociópatas
La mala noticia es que la falta de moral y de escrúpulos trae grandes beneficios en muchos lugares del mundo actual. Según los datos disponibles, una de cada 25 personas encaja en la clasificación de sociópata. El psicólogo Robert Hare señala que tienen cuatro veces más probabilidad de llegar a la cima social y que son “el engranaje que mueve el mundo contemporáneo”.
A un sociópata no le importa mentir y manipular a los demás. De hecho, engañar eficazmente es una de sus metas continuas: lo considera un logro. Son adaptables y muy agudos para captar los puntos débiles y las expectativas de los demás. Algunos roban y luego hacen actos de caridad con gran despliegue. Complacen a su audiencia.
Incluso, muchos sociópatas diagnosticados han comenzado a “salir del armario” y publican libros y posts con sus secretos. Por contrapartida, son los directos responsables de miles de injusticias y cientos de atrocidades en el mundo. Existen porque las sociedades validan su lógica.
Son arrogantes y crueles, pero tienen éxito gracias a sus audiencias, esas sí fracasadas e ingenuas, que no ofrecen resistencia a sus ardides.
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