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Triste final

Los estremecedores detalles ocultos del final de Gene Hackman y su pareja

Un nuevo informe oficial arroja luz sobre una secuencia tan inesperada como trágica. Correos, búsquedas en internet y grabaciones policiales componen parte de la historia íntima.

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Por Ciudadano.News

16 Abril de 2025 - 11:10

Gene Hackman y Betsy Arakawa.
Gene Hackman y Betsy Arakawa. -

La intimidad con la que vivieron, Gene Hackman y su esposa Betsy Arakawa, parece haberse extendido hasta sus últimos días. 

Esta semana, las autoridades difundieron un informe detallado que arroja nueva luz sobre lo que ocurrió en la residencia que ambos compartían, antes de que fueran hallados sin vida el 26 de febrero.

Según el documento oficial, Arakawa, de 65 años, había buscado activamente en internet información sobre síntomas similares a los de la gripe y técnicas de respiración durante los días previos a su fallecimiento. El reporte señala búsquedas relacionadas con mareos, sangrado nasal y posibles efectos persistentes de la COVID-19. También indagó sobre servicios médicos privados en Santa Fe.

Las pesquisas indican que Betsy murió a causa del síndrome pulmonar por hantavirus, una rara enfermedad que se transmite a través de roedores y que puede desencadenar un cuadro respiratorio grave. Gene Hackman, por su parte, habría fallecido aproximadamente una semana después, producto de complicaciones cardíacas agravadas por el Alzheimer.

El hallazgo de los cuerpos fue realizado por personal de mantenimiento y seguridad, quienes alertaron a la policía al no obtener respuesta. En el interior de la vivienda, los agentes encontraron a Arakawa tendida en una zona del baño, mientras Hackman yacía en otra parte de la casa. La escena, según la grabación de las cámaras corporales, no presentaba signos de violencia ni de acceso forzado.

"Estaban en sectores completamente separados de la casa", se escucha comentar a un oficial durante el operativo. Las autoridades, inicialmente preocupadas por una posible fuga de gas, ventilaron el lugar, pero posteriormente se descartó esa hipótesis.

Entre los detalles más desgarradores, se supo que uno de los perros de la pareja fue encontrado sin vida dentro de una jaula, aparentemente por falta de alimento y agua. Otros dos canes sobrevivieron. La necropsia realizada por un laboratorio veterinario estatal confirmó la muerte del animal por deshidratación e inanición.

El entorno natural en el que vivía la pareja —una propiedad rodeada de colinas y vegetación típica de la zona— no está exento de la presencia de roedores. El Departamento de Salud de Nuevo México detectó rastros de excrementos en zonas exteriores de la casa y trampas activas, aunque el interior se encontraba limpio.

Además de los hallazgos médicos y forenses, el informe incluye registros de llamadas, correos electrónicos y grabaciones de seguridad de los días anteriores. En una comunicación, Arakawa explicaba a su masajista que Hackman había amanecido el 11 de febrero con síntomas de resfrío y que, aunque había dado negativo en una prueba de Covid-19, prefería cancelar su cita por precaución.

Gene Hackman y su esposa
Gene Hackman y su esposa.

Las autoridades también divulgaron imágenes del operativo, cuidadosamente editadas para preservar la privacidad de la pareja. La publicación de estas evidencias fue autorizada por la justicia tras intensos reclamos por parte de los familiares, quienes solicitaron proteger la identidad y la dignidad de ambos incluso después de su muerte.

El abogado del patrimonio de Hackman, Kurt Sommer, argumentó en la audiencia más reciente que la reserva que ambos mantuvieron durante décadas debería respetarse ahora más que nunca. "Evitaron el foco público toda su vida. Ese deseo debería extenderse más allá de su partida", sostuvo. Mientras tanto, medios como Associated Press y CBS se comprometieron a no difundir imágenes explícitas y a pixelar cualquier material que los incluya.

La historia de Hackman y Arakawa, marcada por una vida compartida fuera del ruido mediático, se cierra ahora con un capítulo profundamente triste, pero también con la dignidad con la que eligieron vivir —y, según afirman sus seres queridos, también partir—.