Por Fernando Montaña
22 Diciembre de 2024 - 16:35
Escena primera del acto primero. La Piru, La Beba y la ñata; las hermanitas Savoca cantan 'sucundum zucundum' frente a un micrófono que lleva el sonido vocal hasta un grabador de carretes abiertos holandés.
Las risas de las tías y primos se entremezclan con las suyas propias en el entusiasmo por un karaoke a Capella con aquella canción popular. Se baten palmas con el "Tiritando, caminando por la playaaaa".
Es una juntada en el Georama familiar de fines de los 60', en el que el tiempo parece detenido.
Es domingo o sábado. La candidez de un fin de semana en Albardón, Villa Devoto, Curuzu Cuatia, Resistencia, Tinogasta, Trenque Lauquen, Zapala, Claromecó, San José de Guaymallén o el lugar que recuerdes. La escena es común en cualquier rincón de la Argentina, más allá de que el patio tenga parra, una higuera o un naranjo.
Mientras el hombre acaba de llegar a la Luna, Monzón derrota a Benvenutti, Locche es el rey del Luna Park, Chacarita golea a River, Vietnam queda con las secuelas de una guerra y Onganía es el dictador de turno; en cada hogar del vecindario hay casi un mismo ritual al mediodía.
A las 13, mientras mamá habilita la milanga que sale con fritas o puré, frente a una TV es la hora de Roberto Galán y "si lo sabe cante".
Y en este "si lo sabe cante familiar" muchas hermanitas, como las Savoca, o hermanitos en cualquier rincón del mapa, tararean y bailan todos los hits de ese momento, entre ellos, claro está, los de Donald.
Aquel flashback nos trae a la memoria del presente y el futuro.
En donde a través de una playlist o en YouTube de un menú variado, también se siguen escuchando y cantando aquellas canciones de Donald.
Como aquellas "Tiritando", "Siempre fuimos compañeros", "Un verano Naranja", "En una playa junto al mar", "Vamos a la playa" y tantas otras que antaño sonaban por radios AM en un viaje a Mardel y hoy tenés la posibilidad de escucharlas por Spotify
Con una lucidez envidiable, afable, memorioso; Donald Mc Cluskey, casi una leyenda viviente de la canción popular de nuestro país, conversó con Ciudadano News.
En la nota repasó un poco de su vida, de la biografía que acaba de salir a la luz escrita por el periodista Diego Borinksy y la historia poco conocida (que relata en el libro) sobre su vínculo con Mendoza. También de su lucha con dos dolencias que no nombra, pero que afronta con dignidad y entereza y a las que espera dejar atrás para encarar su gira de despedida musical.
"Mi mamá tenía una finca en Mendoza, en Alvear Mendoza, La Pomona. De los siete años hasta los 17 pasaba todos los veranos en La Pomona. Ahí regábamos, andábamos a caballo, arábamos con el tractor. Son hermosos esos recuerdos" dice Donald desde Buenos Aires.

Y prosigue: "Fueron años muy lindos; lamentablemente al final se perdió esa finca. Varios granizos, malas cosechas junto con otro lío que tuvo mi viejo por una estafa que le hicieron, significó que se perdiera la finca, lamentablemente. Pasé allí momentos maravillosos y ahí escuché mi primer disco de los Beatles (Twist and shout) en un tocadiscos que se daba manija (la vitrola").
"La Finca estaba en Los Compartos cerca de Villa Atuel, papá tenía unos amigos en la bodega Arizu, el señor Gargiulo que era el administrador, con el que nos visitábamos cada dos por tres y que tenía dos hijas muy bonitas".
"Tuvimos que convivir tres años con unos ocupas, unos intrusos que se habían metido en la casa, unos rusos comunistas. Imagínate lo que habrá sido eso con mi viejo norteamericano y anticomunista total. Era la época de la Guerra Fría, esta fue una pequeña Guerra Fría, con tiros y todo (risas)".
-Y viniste después a actuar varias veces a Mendoza ¿no?
-Si, claro. Fui muchas veces a actuar a Mendoza, pero lo que más me han quedado grabadas fueron estas vivencias personales. Papá se dedicaba también a la venta de campos, entonces alquilaba un Piper ahí en el aeroclub de Alvear. Salíamos a recorrer el sur de Mendoza, donde finalmente él puso una compañía con un señor norteamericano muy rico, con la idea que no hubiera más hambre infantil en el mundo. Compraron un millón trescientas mil hectáreas en el sur, en Alvear, Malargüe, toda la zona que es hoy Las Leñas. Lamentablemente no se pudo continuar, tuvieron que cerrar la compañía. Y bueno, hoy son recuerdos. El desierto que podría ser un vergel, sigue siendo un desierto, con espinillos, con arañas pollitos, en fin. Yo lo cuento todo en el libro.
- ¿Cómo se dio la idea del libro?
-Diego Borinsky es un escritor de Best Seller, un periodista muy famoso, pero es la primera vez que hace un libro artístico, digamos. Siempre ha escrito sobre futbolistas. Gran tipo, vino con el grabador, me hizo 100 preguntas y las contesté. Incorporó algunas anécdotas mías que había publicado en Facebook. Y bueno, salió un libro que se llama: "Donald, un artista sin fecha de vencimiento".
- ¿Y te sentís así, como un artista que no tiene fecha de vencimiento?
-Siento que he atravesado ocho décadas desde que nací. Tengo 78 años. Casi 80 y bueno, yo no pensaba ser cantante, lo hice como una salida laboral debido a las dificultades que pasamos familiarmente. Una niñez de niño rico y una adolescencia sin techo, de quedarnos sin nada. Fueron experiencias fuertes, pero pienso que fueron buenas porque a la larga aprendí a luchar contra la adversidad.

-Provenís de una familia de artistas: tu papá y tus hermanos, ¿Te facilitó eso dedicarte naturalmente a la música?
-Me facilitó mucho que mi papá fuera músico, aunque cuando nací ya no actuaba. Todo el mundo lo conocía, porque si bien había actuado en el Alvear Palace que era un lugar bastante exclusivo, las actuaciones se transmitían por Radio Belgrano, entonces era muy popular. Papá (Don Dean) tenía grandes amigos como Canaro, Julio de Caro, en fin, varios músicos de la época, inclusive también se conoció con Carlos Gardel.
Fue una época muy linda, que alternaban la jazz y la típica en los bailes (NdR: Tuvo un éxito significativo llamado "Bailando en el Alvear").
-Lo has contado más de una vez, pero ¿cómo fue que él se radicó en Argentina?
-Él vino con su orquesta de los Estados Unidos. Los músicos se volvieron cuando terminó la gira con una película, pero papá se quedó porque ya la había conocido a mi madre. Decidió quedarse en la Argentina para siempre. Acá nacimos los cuatro hermanos: Buddy, Alex, Patricia y yo. Mis hermanos mayores formaron su grupo The Mac Ke Mac's.

Con esa discografía te diría que fui armando mi estilo. Canciones brasileras, tropicales, canciones francesas, italianas, jazz, un poco de todo, rock and roll. Me armé un estilo, un mix.
-He notado que ciertas cadencias de bossa nova atraviesan algunas de tus canciones ¿Eras de escuchar música brasileña?
-Totalmente, disfruté mucho la época del Bossa-nova, de Joao Gilberto, de Jobim, del trío Trio Irakitan, del cuarteto vocal de Os Cariocas, de Maysa Matarazzo, de Vinicius de Moraes. Una época muy linda de la música brasilera; pegó muy fuerte la bossa-nova en Buenos Aires.
- ¿Es cierto que no quisiste que utilizaran Tiritando, una de tus canciones más exitosas para una publicidad?
- Sí, me la pidieron para la publicidad de un supermercado muy grande pero no me gustaba la versión porque tenía que cambiarle la letra y en lugar de decir: "las olas y el viento" tenía que decir las "horas y el precio". Me pareció que era bastardear la canción. Esa canción es del Nono Pugliese, pero en cierta manera soy el creador del éxito, prácticamente es la única grabación desde que la grabé hace 52 años. La quiero como si fuera mía, así que no acepté.
-Fuiste el primero en grabar un reggae en la Argentina ¿cómo fue arreglar el tema siendo que aún no había esa información aquí?
- Un amigo mío viajó a Kingston, Jamaica, y trajo unos discos, como una especie de karaoke que era solamente acompañamiento. Y bueno, sobre uno de esos discos de acompañamiento, inventamos una melodía y una letra con Fernando Monsegury con Alex, mi hermano, y salió Scaba Badi Bidu que fue un disco de oro en el año 70. Ahora vino la versión en inglés, quedó bárbara, producida por Errol Brown, que era el productor de Bob Marley.
"Fue una época muy linda de canciones bailables fundamentalmente y mis grandes éxitos fueron Tiritando, Siempre fuimos compañeros, En una playa junto al mar, Cosquillas. Algunas tuvieron más éxito afuera que acá. En Chile tuvo mucho éxito Un Verano naranja. En Puerto Rico llegó a número 1 El milagro de tus ojos, en México, la tocan todos los mariachis.
Me acompañan desde hace años esas canciones. Y las sigo cantando porque me gustan mucho.
- Varias generaciones te vieron en algunos capítulos del dibujo animado Hijitus...
- Sí, fue una pegada eso, idea de García Ferré, el creador de Hijitus y de mi hermano Álex. Era la época del Submarino Amarillo de los Beatles. Y bueno, causó sensación ese dibujito animado. La voz era la mía, interactuando con Larguirucho. Fue enormemente gracioso.
-Leí por allí que conociste a Perón...
-Sí, en la Quinta de Olivos. Estaba recién casado y fui con mi esposa, me dijeron que ella no podía pasar, solo yo podía.
El de la guardia me dice: "Donald, el general Perón lo está esperando". "Bueno, en cuánto digan que puedo pasar con mi señora, entro. Mientras tanto me quedo con ella en la guardia", le contesté.
Al final ingresamos; el General Perón me abrazó, me dio un beso. Me dijo: "Che pibe, que éxito tenés con los chicos". Yo estaba en ese momento entre el gordo Porcel y Olmedo, en una fila para saludarlo. Yo no era peronista, pero era toda una figura Perón, imposible no estar ahí.
- ¿Conociste al Flaco Spinetta también?
-Sí, lo conocí en un programa de televisión que se llamaba "Mundo Joven" y que yo animaba. Por contrato tenía que estar de smoking y presentábamos a varios grupos de rock que venían la mayoría en Jeans, nada que ver (risas). El programa era grabado y en una tarde grababas 6 o 7 programas, en medio de eso había siempre espacios t nos sentábamos en un corredor y charlábamos con el flaco Spinetta, un tipo bárbaro. Fue en la época de Almendra.
-Era loco porque en esa época convivían bandas de Rock con artistas pop. ¿Te tocó coincidir con otros artistas?
- Sí, con Litto Nebbia, La Joven Guardia, los Alma y Vida. Permanentemente nos cruzábamos porque los shows en los clubes eran muy cortitos, de 20 minutos. Cantabas el éxito, volvías a cantarlo, luego un par de canciones del Long Play y salías corriendo para el próximo club. He llegado a tener 12 actuaciones en una noche. Recuerdo la de la Primavera del 69, que arranqué a las 6 de la tarde y terminé a las 10 de la mañana del día siguiente.

- ¿Qué sentís por ahí cuando en las canchas se cantan algunas de tus canciones? Por ejemplo, "Vamos a la playa".
- Era una sensación extraña. Pero también me fueron oportunas estas canciones de la cancha. Había una canción que se llamaba "Cómo mueve la colita" que estaba muy de moda. Me llamó un autor y me dice: "mirá, hay una canción que está de moda en las canchas, pero no está registrada ¿Por qué no le inventás una música? Yo le pongo la letra y la grabamos"
Le inventé una música, Mauricio Strasberg que vivía en Miami le puso la letra. Salió la canción y tuvo un éxito relativo. Hace poco en Inglaterra salió una nueva versión que fue un gran éxito en Londres. Y es la misma en castellano. Después me enteré que también hubo otro registro en Sadaic de la misma canción.
- ¿Estás planeando tu gira de despedida?
-Sí, en realidad tenía previsto hacerla, pero abandoné la idea porque no estoy para la gira de despedida ahora. Tengo algo que dicen que no tiene cura, pero yo siempre pensé que me voy a curar. Ahora me agarró otra cosa y tengo que hacer un tratamiento largo, de rayos y de quimioterapia. Es incómodo y feo. Antiguamente era una enfermedad incurable pero ahora sí tiene cura, así que me tengo que curar de esta y después me voy a curar de la otra. Después sí, vuelvo a la gira de despedida.
Mientras, estoy generando mucho laburo desde mi casa. Armé un estudio de grabación y grabando cosas y está bueno.
Sobre una de sus canciones más conocidas
Donald también contestó sobre la génesis de una de sus canciones más famosas: "Siempre fuimos compañeros". La anécdota no tiene desperdicios
-Siempre fuimos compañeros nació como una canción de estudiantina, de colegio secundario. Fuimos a actuar a un club de Rosario y los de la comisión directiva lo primero que me dijeron fue: 'Señor Donald, si le piden que salude como Perón, por favor, levante los brazos y diga compañeros'. Fue lo que hice y a la vuelta en el auto, muertos de risa, inventamos la canción.
La Fanfarria del capitán, un grupo de rock argentino, hizo una nueva versión que está tremenda, con un arreglo a lo Zorba el griego. La "Fanfarria" es bastante particular es un grupo tipo Los Auténticos Decadentes. Es locura en Europa, en Eslovenia, Austria, Alemania, Italia.
-Bueno, querido Donald, para el final agradecerte porque tus canciones han acompañado momentos familiares muy felices. Sos parte de la banda de sonido de nuestras vidas.
- Qué lindo, me alegro mucho que sea así. Espero haber podido respondido todas las preguntas. Te mando un abrazo y por tu intermedio a toda la gente de Mendoza.
Aunque Donald no lo sepa, desde su intuición sabe que sí; que muchas personas como las hermanas Savoca crecieron e hicieron sucundum con sus canciones de pop festivo. Es el ida y vuelta imprescindible de un artista.
Diego Borinsky: "Una persona cálida y simple"
"Yo había escrito libros vinculados al deporte, de hecho trabajé 25 años en la revista El Gráfico. Hice el de Matías Almeyda, uno de Argentina en los mundiales después, de Andrés D'Alessandro, del Muñeco Gallardo, de Angel Labruna.
Fabián Morrone me escribió porque le había gustado mucho mis libros. Nos juntamos a tomar un café y me propuso el libro sobre Donald.
No me veía haciéndolo, pero me puse a leer las notas sobre él, descubrí algunas cosas muy curiosas de su historia, esto de tener que salir a trabajar de chico porque el padre quedó en bancarrota. Que fuese hijo de un músico. También esto que se pusiera a estudiar abogacía para cumplirle un sueño a su madre, que luego fue concejal.

Me llamó la atención que venía batallando contra el mal de Parkinson. Hasta que finalmente un día hablamos y descubrí a una persona súper simple, cálida, directa, muy sana.
No parecía aquel el tipo que vendía 17.000 discos por día. Fuimos para adelante y así salió el libro que presentamos hace unas semanas.
El estaba recontra contento y más allá de sus dificultades motrices, súper lúcido y con una actitud siempre positiva. Así como sonríe, es Donald", dice el autor de "Donald, un artista sin fecha de vencimiento".
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