Por Ciudadano.News
11 Marzo de 2019 - 19:31
De niño, yo quería jugar como Pipo. Pegarle a la pelota como Pipo. Pisarla como Pipo. Quererla como Pipo. Amasarla como Pipo.
Tirar chicles y tacos como él.
Me ayudaba tener rulos. Eso me acercaba, me daba chances. Pensaba yo. Intuía yo.
Yo quería jugar como Pipo.
Y ensayaba, ¿eh? Dale que dale. Todos los días. Todos los santos días. En la cancha Filippini. En el club Obras Sanitarias. En el club YPF. En la escuela Rawson. En la calle.
De niño, yo quería jugar como Pipo.
En los lotes que vestíamos de potrero, antes de hacerse una extensión del barrio COVICO y del barrio Minetti, en Godoy Cruz. Entre Javier Morales y Julio A. Roca.
Yo quería jugar como Pipo.
En el patio de mi casa. Haciendo cagar siestas de vecinos.
“Oscarcito, jugá más tarde", me decían, en vez de mandar: “Pendejo y la rpmqtrmp, dejá de hinchar los huevos y andá a dormir".
Los vecinos de antes no usaban bencina.
Yo quería jugar como Pipo.
La escena se repetía y se repetía. Se repetía y se repetía. Se repetía y se repetía. Venir por izquierda, acomodarme para diestro, y meter chanfle. Al segundo palo, a veces. Al primer palo, casi siempre.
A la churrasquera, en mi casa. A los portones, en cualquier otra. A cualquier arco que anduviera huérfano de chanfles.
Yo flasheaba.
Pipo me incitaba a jugar, me invitaba a jugar, me hacía repiquetear las patitas para ir a jugar.
Si ya tenía innato el metejón del fútbol, Pipo metía más fichas, le echaba más leña al juego.
Yo, de niño, quería jugar como Pipo.
Me acuerdo una vez que hicimos cagar los vidrios del portón del Nito Varas, en su casa –temporaria– del barrio Trapiche, tratando de imitar a Pipo pegándole en los tiros libres.
El papá, don Jorge, no sabía si cagarnos a chirlos o venir a patear con nosotros, tan felices que nos veía.
Yo quería jugar como Pipo. Igual que él.
Pipo daba unos saltitos antes de pegarle en los tiros libres. Y yo quería hacerlo tal cual. Me fascinaba eso, me ponía en éxtasis eso.
Me hacía levitar eso.
Néstor Raúl Pipo Gorosito, como todo artista, te subyugaba para hacer lo mismo que él, para imitarlo, para probar, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
Una y otra vez.
Si él parecía nadar en dicha haciéndolo, si él me hacía nadar en dicha mirándolo...
Entonces, ¿cómo no intentarlo?
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