En el marco de su columna de efemérides en el programa Minuto 91, el periodista Fernando Montaña recordó un hito que trascendió el deporte: el día que el mundo se detuvo porque Muhammad Ali le dijo que no al ejército de los Estados Unidos. Era abril de 1967, una época de efervescencia cultural donde los Beatles lanzaban el Sgt. Pepper's y la escala musical dominaba la escena argentina, mientras la sombra de la Guerra de Vietnam se volvía insoportable.
El precio de la objeción de conciencia
El 28 de abril de 1967, en Houston, el entonces campeón mundial de los pesos pesados se negó a dar el paso al frente para ser reclutado. Ali, quien ya había dejado atrás su nombre de nacimiento, Cassius Clay, citó sus principios como miembro de la Nación del Islam. "No tengo problemas con el Vietcong", sentenció, dejando en claro que no pensaba asesinar a personas de color en el extranjero mientras en su propia casa, en Louisville, los afroamericanos eran tratados como ciudadanos de segunda.
Las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras para su carrera: le quitaron su licencia de boxeador y lo despojaron del título mundial sin haber perdido en el ring. Además, fue condenado a cinco años de prisión y una multa de 10.000 dólares. Este exilio forzado lo mantuvo inactivo durante más de tres años, en la plenitud de su capacidad física, hasta su regreso triunfal en 1970 ante Jerry Quarry.