Por Fernando Montaña
31 Marzo de 2020 - 15:20
Imaginarás una cancha de fútbol en cada lugar, en el patio de tu casa o en la vereda. En donde un arquitecto vio un pasillo de comedor, verás un arco. Y le harás payanitas a la pandemia con un rollo de Felpita.
Y viste una cancha en una plaza, allí en la Pedro del Castillo, entre palmeras y cuando la pelota se te iba a las ruinas de enfrente. O vas en el micro imaginando otras potenciales canchas de fútbol. En la avenida del Acceso Este, enfrente de la bodega Filippini, en la Rotonda del Avión, en sitios donde hoy hay barrios, y en la plaza entre juegos metálicos, rosales que raspan, y en los baldíos o en el Parque General San Martín, imaginando que Emilio Civit y Carlos Thays pusieron muchos árboles para ser arcos o redoblaron la apuesta y pusieron espacios para que un día se hiciera un estadio, o una cancha gigante, en el que el Cóndor de la Avenida de Acceso le tira centros al General San Martín en el Cerro de la Gloria, o haciéndole goles al Arco del Desaguadero.
Fobal engrasado con grasa de peya, fobal número 5 a la que se le corrió la cámara o le salió un chichón. En el baldío o en el potrero vas a entender todo. Y que no hay nada más lindo que jugar con barro, zonda o el frio o el calor o hasta que tu papá te llame para cenar, poniendo fin al partido, hasta el otro día. Con los amigos sos el sobrenombre, el jugador con camisetas que un almacenero les regaló. En el desafío contra los del otro barrio. Y jugás con los mejores, no porque sean hábiles, sino simplemente porque jugás con tus amigos. Y te ponés la número 11 marcada con tiza en la espalda. Y en el baldío hacés payanitas para que no se te caiga, y aplicás el piedra, papel y tijera para elegir primero a un compañero de equipo. O arman el loco o el tonto al medio, en una rueda, tocándola de un lado a otro para que no la quiten, hasta que la perdés y tenés que pasar vos al medio. Y un día cambian de deporte y jugás al softbol y otro al vóley y otro al básquet, pero al fútbol siempre se vuelve.
Está claro que en el fútbol hay lugar para todos y todas. Para quienes hacen mariandinas y pataditas con dos toques. Y también para los que alientan desde la tribuna. Quienes gambetean hasta el área y quienes marcan en la suya y los que cantan “y dale y dale…”. Para los que atacan y para las que defienden y también para las que patean y los que atajan. Los hay más hábiles y las hay más luchadoras y viceversa.
El fútbol es hermoso y todos tienen su lugar, y no hay que sentirse excluido. Hasta los más genios como Pelé, Maradona, Messi, necesitan de compañeros y de tu aliento para hacer mejor su tarea. Y ellas de la Estefanía Banini o la Gime Blanco. Y tantos unos como otras construyen una sociedad traducida en goles.
El fútbol es jugar entre amigos y darnos pelota.
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