En una decisión que sacude el ámbito deportivo internacional, la FIFA impuso una prohibición contra dos de los jueces más reconocidos de Inglaterra. Según reveló una reciente investigación del diario The New York Times, los árbitros británicos Michael Oliver y Anthony Taylor quedaron totalmente vetados para dirigir cualquier partido oficial que involucre a la Selección Argentina durante el Mundial.
Aunque el reglamento habitual del máximo ente del fútbol mundial ya impide que los colegiados arbitren a sus propias selecciones nacionales para asegurar una completa neutralidad, esta nueva directiva va un paso más allá de las normas vigentes. La restricción tiene raíces netamente políticas y busca desactivar de antemano cualquier tipo de tensión o polémica vinculada con el sensible legado de la Guerra de las Islas Malvinas de 1982.