El 10 de junio de 1926, el mundo despedía a Antoni Gaudí, el genio que revolucionó la arquitectura inspirado en la naturaleza. Hoy, exactamente un siglo después de su trágica muerte en Barcelona, su obra cumbre alcanza un hito histórico insuperable. El papa León XIV encabezó una solemne misa para inaugurar oficialmente la Torre de Jesucristo, la estructura central y definitiva de la Sagrada Familia.
La iglesia más alta del mundo
Con sus colosales 172,5 metros de altura, esta nueva edificación posiciona a la basílica catalana como el templo religioso más alto a nivel global. Durante la ceremonia, que contó con la presencia de la realeza española y fue transmitida al mundo entero, se reveló además el "Agnus Dei". Esta impresionante obra, diseñada por el artista italiano Andrea Mastrovito, consta de una instalación de vidrio y rayos luminosos dorados que respeta fielmente los bocetos originales dejados por el "poeta de la piedra".
Gaudí dedicó los últimos 12 años de su vida exclusivamente a este proyecto, sumergiéndose en un profundo misticismo. Tras un ayuno extremo en 1894, el arquitecto abandonó toda vanidad para vivir en una austeridad absoluta dentro de su taller. Su genialidad radicó en observar la naturaleza como la obra maestra del Creador, reemplazando las líneas rectas por complejas formas geométricas que adelantaron la ingeniería moderna.
Dejó un sistema exhaustivo de planos y maquetas para garantizar que las futuras generaciones pudieran completar su visión monumental. La construcción del templo expiatorio, financiada ininterrumpidamente por las donaciones de los fieles durante más de 140 años, entra ahora en su recta final y se estima que concluirá de manera definitiva en la próxima década.