Inaugurado en 1904, el Cristo Redentor de los Andes no estaba destinado a Mendoza. Esta imponente estatua de bronce de 9 toneladas, forjada a partir de viejos cañones del ejército, viajó en pedazos por tren desde Buenos Aires hasta Las Cuevas.
Luego, soportando vientos helados, fue trasladada a lomo de mula y fuerza humana hasta el límite con Chile para sellar la paz entre ambas naciones tras los conflictos de 1902. Hoy, este centinela esculpido por Mateo Alonso sigue emocionando a quienes lo visitan en pleno verano cordillerano. Escuchá la historia contada por Alejandro Álvarez en Círculo Político.