Por Ciudadano.News
14 Noviembre de 2022 - 14:23
Entre los años 1855 y 1859 vivió en la ciudad de Mendoza un afamado aventurero italiano llamado Bartolomé Bossi, quien se dedicó en estas tierras a realizar diferentes actividades artísticas, económicas y culturales.
Además de trabajar de fotógrafo, fue pintor, tipógrafo, viajero, cónsul, minero, escritor, periodista, capitán de marina mercante y un poderoso empresario en el rubro de la navegación fluvial.
Nacido para la aventura
Bartolomé Bossi nació en Porto Maurizio, Reino de Génova, hoy región de la Liguria, Italia, el 13 de agosto de 1817.
Llegó al Río de la Plata en 1838 y estudió en la Escuela de Náutica de Buenos Aires, institución creada por otro descendiente de italianos, llamado Manuel Belgrano. Bossi fue un gran amigo y seguidor del patriota italiano Giuseppe Garibaldi en sus luchas rioplatenses y las ideas de libertad.
Se casó con la hija del general argentino Castro Cáceres y de ese matrimonio nacieron dos hijos.
Con el afán de realizar nuevos negocios partió hacia América del Norte y Europa, y luego regresó a la Argentina y se instaló en la ínsula cuyana por un tiempo.
Después, regresó a Buenos Aires y se incorporó a la marina mercante como capitán. En sus ratos libres, su habilidad con los pinceles y el lienzo propiciaron que algunas de sus obras se expusieran en varias galerías de arte de la metrópoli. Sus cuadros, de gran factura, estaban vinculados con los temas marinos. Entre sus otras iniciativas, por aquellos años presentó un proyecto para la ejecución del puerto de Montevideo. Aunque esta idea finalmente no prosperó, aprovechó para radicarse en la capital oriental en donde estableció una imprenta, que fue el lugar en donde se publicaron interesantes libros en especial de contenido científico. Además, realizó una expedición al Mato Grosso, costeada de su propio bolsillo, de la que dejó valiosas referencias en un libro publicado en París.
El timón de América
En 1865 se dedicó a la navegación, creó su propia empresa en el Río de la Plata y fue pionero en implementar el servicio denominado "vapor de la carrera" entre Buenos Aires y Montevideo. Su nave a vapor, llamada América, sufrió en 1871 una terrible desgracia al incendiarse y naufragar en el Río de la Plata.
La prensa porteña acusó a Bossi de ser responsable de ese luctuoso hecho en el que murieron un centenar de personas. Pero la Justicia, después de un largo proceso, determinó que no había sido culpable de la tragedia y que Bossi actuó honrosamente, declarándolo inocente.
Aunque la sentencia le fue favorable, el incidente le causó un grave daño en lo anímico y económico, por lo que decidió marcharse a Chile. En ese país ocupó el cargo de cónsul de la República Oriental del Uruguay en la ciudad de Valparaíso.
A pesar de aquella difícil prueba que tuvo que superar, su espíritu de aventura se mantuvo intacto y posteriormente ejecutó una expedición al sur del país trasandino y a la Patagonia.
Bossi regresó a Uruguay, y en ese período publicó varios libros que causaron gran impacto en la sociedad científica de la época. Bossi era un millonario que viajaba permanentemente a Europa y en la ciudad francesa de Niza lo sorprendió la muerte el 31 de diciembre de 1890.
Su familia regresó a nuestro país y sus herederos se destacaron en importantes funciones sociales, laborales y diplomáticas.
Mendoza, tierra de oportunidades
Bossi fue uno de los primeros italianos que se estableció en Mendoza en 1855, una ciudad en crecimiento en la que existían varios paseos y edificios públicos construidos en el siglo XVIII. Entre ellos estaba el Cabildo, la Casa de Gobierno, la Iglesia Matriz, el Teatro, el famoso pasaje Sotomayor y el Club del Progreso entre otros. Nuestra provincia contaba en ese entonces con unos 60 mil habitantes.
Llegó a nuestra provincia junto a su esposa e hijos, su equipaje y su novedosa máquina de fotos. Inmediatamente armó un estudio de daguerrotipos que se ubicó en plena ciudad.
En cuestión de días, destacadas personalidades de la sociedad mendocina visitaron a Bossi para realizar sus primeros retratos, y en muy poco tiempo el intrépido italiano obtuvo una importante ganancia con este trabajo.
Pero el inquieto emprendedor no solo cumplía con la tarea de hacer click, sino que también se dedicó a pintar los paisajes de Cuyo. Además, entre sus variadas actividades, realizó numerosos viajes a la cordillera y visitó Uspallata para explotar allí el negocio de la minería a través del estudio geológico de esta localidad. Por aquel tiempo el valle uspallatino pasaba por un resurgimiento de la industria minera, en especial la zona de Paramillos, a donde algunos empresarios extranjeros llegaron para realizar la explotación de minas de plata y oro.
En el mismo año se asentó en la ciudad de Mendoza el fotógrafo alemán Adolfo Alexander, quien en vez de ver a Bossi como un competidor, afianzó una fraternal amistad.
Los fotógrafos se ganaron la confianza de los ciudadanos mendocinos, y hasta del entonces gobernador de la provincia, quien los convocó en 1858, junto al pintor Gregorio Torres, para trabajar en un interesante proyecto que consistía en retratar con fotografías a todos los edificios públicos y privados, como también a las personas de la ciudad.
Si bien actualmente uno de los descendientes del alemán Alexander sostiene que las imágenes de la vieja ciudad de Mendoza anterior al terremoto del 20 de marzo de 1861 quedaron registradas en ese trabajo, esta afirmación ha quedado descartada ya que luego de investigar en varios archivos, y en especial en el de la provincia de Mendoza, se ha podido determinar que ese proyecto nunca se llevó a cabo.
El italiano siguió trabajando con sus retratos, obteniendo interesantes ingresos y reflejando algunos personajes de la sociedad mendocina de mediados del siglo XIX.
Pero las inquietudes de este gran emprendedor iban más allá, y luego de permanecer más de tres años en nuestra ciudad, partió con su familia hacia nuevos rumbos para realizar una nueva vida, llena de aventuras y emociones.
Si bien así lo hizo, es importante señalar que su paso por Mendoza fue para Bossi sin lugar a dudas uno de los capítulos fundamentales en la historia de su vida en Argentina.
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