Imagina admirar un cuadro icónico en el Louvre y descubrir que los pigmentos son, literalmente, personas. En Círculo Político, Virginia Rizzi, nos cuenta que durante los siglos XVIII y XIX, la "egiptomanía" derivó en una práctica tan fascinante como macabra: el uso del Marrón Momia. Este color, apreciado por su calidez y transparencia para retratar la piel, se obtenía triturando restos humanos extraídos ilegalmente de tumbas en Egipto.
Artistas de renombre como Eugène Delacroix utilizaron este material en piezas fundamentales como La libertad guiando al pueblo, una obra que aparece en "Viva la vida", de Coldplay. Lo que hoy consideramos una transgresión ética extrema, en aquel entonces alimentó un mercado de cadáveres que solo se detuvo a principios del siglo XX, cuando las reservas de momias finalmente se agotaron.

