Por Ciudadano.News
20 Enero de 2026 - 15:49
Durante más de siete décadas, los visitantes y especialistas de este museo en Alaska contemplaron dos restos fósiles convencidos de que pertenecían a una criatura icónica de la Edad de Hielo. Sin embargo, un reciente análisis de ADN antiguo y pruebas de radiocarbono han revelado una realidad completamente distinta: los huesos pertenecen en realidad a especies que nadie esperaba encontrar en esa zona geográfica.
El hallazgo que obligó a un museo a corregir 75 años de historia
La confusión en el museo comenzó en la década de 1950, cuando el antropólogo Otto Geist recuperó los restos en Dome Creek, una zona minera cercana a Fairbanks. Debido a la morfología de las piezas y al lugar del hallazgo, se catalogaron de inmediato como restos de un gigante terrestre, integrándolos a una de las colecciones más importantes del museo.
La verdad salió a la luz gracias al programa Adopta un Mamut del museo, una iniciativa de ciencia ciudadana que busca fechar mediante carbono-14 cada resto de su inventario. Los resultados dejaron boquiabiertos a los expertos: las piezas databan de una época en la que esos animales ya se habían extinguido en la región, lo que obligó al museo a profundizar en la investigación técnica.

Tras realizar estudios genéticos, el equipo del museo identificó que el ADN mitocondrial correspondía a dos tipos de ballenas: la minke común y la franca del Pacífico Norte. Este descubrimiento planteó un nuevo enigma para el museo: ¿cómo terminaron los restos de estos gigantes marinos en el interior de Alaska, a más de 400 kilómetros de la costa más cercana?
Para resolver este misterio, los investigadores del museo barajan diversas explicaciones sobre el origen de los fósiles:
- Error de registro: una posible confusión de etiquetas durante las expediciones de Otto Geist en los años 50.
- Actividad humana: el uso de restos marinos por parte de antiguos habitantes para fabricar herramientas o muebles.
- Transporte animal: el traslado de restos por parte de carroñeros desde las zonas costeras hacia el interior.
- Incursión marina: la posibilidad de que los animales se internaran por vías fluviales antiguas en busca de alimento.

Aunque el error resulta sorprendente, las autoridades destacan que este hallazgo no resta valor a la colección, sino que la enriquece. Gracias a la ciencia moderna, el museo ahora puede contar una historia mucho más compleja y fascinante sobre la interacción entre los seres humanos y los cambios geográficos en el Gran Norte.
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